El Gobierno del Estado de México celebra, con bombo y platillo, que noviembre de 2025 registró el nivel más bajo de homicidios dolosos en una década. Un logro que colocaría a la entidad en el quinto lugar nacional y que, según los datos oficiales del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, representa una caída acumulada de más del 50 por ciento en asesinatos respecto a 2024.
La gobernadora Delfina Gómez Álvarez no tardó en atribuir el resultado a la coordinación entre los tres niveles de gobierno y a la estrategia de seguridad que, asegura, opera con disciplina desde el primer día. Hasta ahí, el discurso es impecable. Pero fuera de la narrativa institucional, la realidad mexiquense rara vez es tan simple como las gráficas presentadas en La Mañanera del Pueblo.
Un logro… ¿o una ilusión estadística?
El Edomex es, desde hace años, uno de los territorios más complejos y poblados del país. Por eso, una reducción del 52 por ciento en homicidios entre enero y noviembre suena, cuando menos, espectacular. Quizá demasiado.
La pregunta obligada es si esta disminución refleja una transformación real en la seguridad o si estamos ante un fenómeno donde la estadística juega más a favor del discurso que de las comunidades. Porque mientras los números bajan, la percepción ciudadana sigue sin despegar: extorsiones, desapariciones, feminicidios y robos violentos continúan encabezando la preocupación cotidiana de millones de mexiquenses.
Operativos, cateos y patrullajes: el guion habitual
El gobierno estatal enumera sus “logros”: desarticulación de células delictivas, operativos contra narcomenudeo, patrullajes focalizados y cateos coordinados. Todo lo que cualquier administración, desde hace varios sexenios, ha prometido implementar.
Nada de esto es nuevo. Lo relevante sería conocer la profundidad real de esos golpes:
- ¿Se trata de detenciones estratégicas o de operativos mediáticos?
- ¿Hubo desmantelamiento de estructuras o solo capturas aisladas?
- ¿La reducción del homicidio está acompañada por mejoras en la procuración de justicia o solo es un descenso temporal?
Sin estas respuestas, el festejo gubernamental queda corto.
Aunque la cifra de homicidios haya disminuido, otros delitos de alto impacto siguen marcando el pulso de la inseguridad en la entidad — contraste incómodo — La extorsión es la verdadera plaga mexiquense y continúa alimentando economías criminales que, tarde o temprano, se reflejan en violencia letal.
Hasta ahora, la administración de Gómez Álvarez no ha logrado explicar cómo piensa cortar de raíz estas redes que operan casi con normalidad en mercados, transporte público y giros comerciales.
Los números importan… pero no cuentan toda la historia
Que el Edomex muestre once meses consecutivos a la baja en homicidios es positivo, pero insuficiente. La ciudadanía necesita más que gráficas: necesita confianza, resultados verificables en su vida diaria y un sistema de justicia que acompañe la estadística con sentencias, no con boletines.
Porque en un estado donde la violencia se ha normalizado por décadas, una reducción histórica no puede ser el destino final, sino apenas el primer paso. Y ahí es donde la crítica es necesaria: ¿hay realmente un cambio estructural o estamos ante otro capítulo del optimismo gubernamental que, en cuanto cambie el clima político, podría desvanecerse?
En el Estado de México, la historia nos obliga a dudar… hasta que la realidad confirme lo contrario, y verdaderamente nos vaya requetebien.
