Las vacaciones decembrinas permiten a millones de mexicanos salir de casa y disfrutar de los múltiples destinos turísticos que ofrece el país. Las extensas playas mexicanas encabezan las preferencias; les siguen los Pueblos Mágicos y miles de balnearios que, año con año, se convierten en el refugio ideal para familias completas. No hay duda: esta es la mejor temporada del año en términos turísticos, impulsada por la alta concentración de gasto que los trabajadores realizan tras recibir sus percepciones de fin de año.
Sin embargo, el escenario no es del todo alentador. El gasto excesivo o mal planeado puede convertir lo que debía ser descanso en un auténtico viacrucis financiero. Y si a ello se suma la conocida “cuesta de enero”, la realidad económica se vuelve todavía más dura para miles de familias. La ausencia de redes de apoyo, créditos responsables o certidumbre laboral agrava una economía que hoy se comporta peor que un sube y baja: impredecible, inestable y cada vez más exigente para el bolsillo ciudadano.
Pero este no es el único daño colateral de la temporada. El turismo masivo, cuando se ejerce sin conciencia, deja una huella profunda en los ecosistemas. Toneladas de basura se acumulan en playas, zonas arqueológicas, albercas naturales y destinos turísticos, muy por encima de los residuos que estos sitios generan de manera habitual. Plásticos, servilletas, envases y desechos aparentemente insignificantes terminan afectando mares, ríos, suelos y fauna, acelerando un cambio climático que ya no es una amenaza futura, sino una realidad presente.

En México, todo está conectado. La basura que se deja hoy en una playa termina mañana en el océano; la falta de planeación económica de diciembre se refleja en endeudamiento en enero; la indiferencia individual se convierte en un problema colectivo. El círculo vicioso no desaparece, solo se acrecienta.
De ahí el llamado urgente a la conciencia. Si va a viajar, disfrute, pero hágalo con responsabilidad. Si ensucia, limpie; si tira, recoja. La obligación no debería ser solo no contaminar, sino corregir el daño cuando ocurre. Como en casa: nadie dejaría basura tirada en su sala o en su cocina. En esta analogía, la casa es México entero.
Viajar también es un acto cívico. Cuidar nuestros destinos hoy es garantizar que mañana sigan siendo motivo de orgullo, disfrute y sustento para millones de familias. Porque disfrutar de México implica, necesariamente, hacerse responsable de él.