- El episodio que reabre el debate sobre recursos, poder y lealtades en Morena
El reciente reparto masivo del libro Grandeza, escrito por el expresidente Andrés Manuel López Obrador, por parte del senador Adán Augusto López Hernández, es más que un episodio anecdótico en los pasillos del Senado: revela tensiones internas, métodos de operación política y la persistente ambigüedad entre recursos personales y recursos públicos en la vida institucional del país.
La narrativa del senador es clara: los “unos 10 mil” ejemplares que distribuyó fueron costeados con recursos propios. Su intención, afirma, fue simplemente tener un detalle con sus compañeros, disfrazándose simbólicamente de “Santa Claus” político. Pero cuando un gesto privado involucra logística masiva, costos de millones de pesos y distribución dirigida dentro de un órgano legislativo, deja de ser un acto amable y se convierte en un movimiento político que requiere análisis.
Aun cuando no existe evidencia pública de que se hayan usado recursos del Senado o del Grupo Parlamentario de Morena, la cifra estimada —más de 7.6 millones de pesos— abre dilemas inevitables. La política mexicana, históricamente marcada por el uso discrecional de fondos públicos, obliga a que este tipo de actos se examinen con lupa.
No se trata solo del origen del dinero, sino del mensaje implícito que envía un senador al entregar entre 10 y 20 cajas con 20 libros cada una a 67 legisladores morenistas. Una acción tan amplia y sistemática difícilmente puede desligarse del contexto político actual de Morena, donde se reacomodan fuerzas tras el fin del sexenio y se definen nuevas rutas de liderazgo.
Regalar libros de López Obrador no es regalar cualquier cosa. Es ofrecer un artefacto simbólico, un recordatorio del liderazgo moral y político del expresidente, una pieza narrativa que consolida identidad interna. En Morena, donde la cohesión se ha sostenido en torno a la figura de AMLO, estos símbolos continúan siendo herramientas efectivas de articulación.
Adán Augusto, una de las figuras más cercanas al expresidente y actor relevante en la contienda interna del movimiento, parece entender esto perfectamente. Su acción puede interpretarse como un gesto de reafirmación ideológica y posicionamiento personal, una forma de recordarle a la bancada quién sigue siendo el referente central y quién mantiene cercanía con él.
Quizá lo más revelador es la naturalidad con la que se desarrolló el reparto (La normalización de lo extraordinario): cajas apiladas en los pasillos, saludos impresos del senador, oficinas llenas del libro. La escena fue aceptada casi como parte del paisaje legislativo. Y esa normalización es en sí misma un fenómeno político: actos que deberían justificar plena transparencia se presentan como gestos rutinarios.
En democracias consolidadas, una compra personal de millones de pesos por parte de un legislador para distribuir material relacionado con un exmandatario generaría debates formales, revisiones administrativas y cuestionamientos éticos. En México, genera declaraciones simpáticas y respuestas evasivas.
¿Generosidad o estrategia? Lo que realmente está en disputa
La pregunta sobre si los libros salieron de su bolsillo es relevante, pero secundaria. El asunto de fondo es qué significa este acto en el reacomodo de fuerzas dentro de Morena y del Senado.
El gesto revela tres dinámicas clave:
- Persistencia del liderazgo simbólico de AMLO. Su figura continúa funcionando como eje articulador del movimiento.
- Estrategia de visibilidad interna. Adán Augusto demuestra poder de movilización y capacidad logística.
- Ambigüedad institucional. Los límites entre acción personal, acción partidista y acción legislativa siguen difusos.
El episodio de los libros confirma que, en México, incluso los obsequios en el Congreso son piezas estratégicas (un regalo con mensaje político). Más que un acto de generosidad, parece un recordatorio de que la política se juega también en los símbolos, en los detalles y en la narrativa.
Mientras no exista claridad absoluta sobre el financiamiento y la intención, el reparto seguirá siendo leído —con razón— como una operación política cuidadosamente calculada.
