Por más acostumbrados que estemos al estruendo de la política mexicana —sus gritos, sus egos, sus pugnas interminables— hay momentos en los que la discusión pública debería detenerse. Hay líneas que no se cruzan. O que no deberían cruzarse. Y una de ellas es la que separa el debate político del dolor de una víctima.
Gerardo Fernández Noroña la cruzó sin titubear.
En un episodio más de su ya conocida vehemencia, el legislador de la Cuarta Transformación afirmó que Grecia Quiroz, recién nombrada alcaldesa de Uruapan tras el asesinato de su esposo, Carlos Manzo, “ya despertó la ambición” y que va rumbo a la gubernatura de Michoacán. Lo dijo sin matices, sin cautela y, sobre todo, sin empatía.
Y entonces, del otro lado, emergió una voz que no suele aparecer en el gran teatro nacional: la de Carlos Alejandro Bautista Tafolla, diputado del Movimiento del Sombrero y amigo cercano de Manzo. Una voz que no habló como político, sino como alguien que vio de cerca el vacío que dejan los homicidios en Michoacán.
“¿Cómo te atreves a meterte con una víctima cuando no entiendes su dolor? No está ahí por elección… está ahí porque le arrebataron al amor de su vida”, escribió Bautista Tafolla en Facebook.
No es común que un legislador rete públicamente a un senador a verse “en Uruapan o donde tú digas”. Pero tampoco es común que la política nacional se meta con una mujer que apenas intenta sostenerse después de un asesinato. Aquí, más que un pleito entre actores públicos, lo que vimos fue el choque entre dos realidades: la de quienes viven la violencia y la de quienes hablan desde un estudio.
Bautista Tafolla, en su respuesta, deja ver la rabia acumulada en comunidades donde la violencia no es una estadística ni un titular:
“Que no esté Carlos Manzo no significa que Grecia Quiroz esté sola… Métete conmigo, pero a Grecia déjala en paz”.
El diputado también lanzó una frase que seguramente incomodará a más de uno en Morena:
“Aquí no somos de derechas, aquí somos pueblo, cabrón”.
Porque en Michoacán, como en tantas regiones del país, la izquierda y la derecha no se miden por siglas, sino por el tamaño del miedo, de la injusticia y del abandono.
Noroña, por su parte, defendió su postura asegurando que Quiroz “tendrá el apoyo de la oposición” porque —según él— la derecha necesita “figuras fascistas”. Y remató sugiriendo que si tiene pruebas contra Raúl Morón y Leonel Godoy por el asesinato de Manzo, debe ir a la Fiscalía.
Pero lo que más irrita a quienes observan todo este episodio es el timing. Las declaraciones del senador ocurrieron en el marco del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Sí: el día que se supone debe servir para escuchar a las víctimas, no para desacreditarlas.
En una política tan acostumbrada a devorarlo todo —incluida la dignidad ajena— lo ocurrido en Uruapan es un recordatorio incómodo: detrás de cada cargo vacío tras un asesinato hay una familia rota. Y detrás de cada señalamiento hecho desde un micrófono hay una comunidad mirando, juzgando, preguntándose si quienes legislan entienden realmente en qué país viven.
El debate político puede esperar. El dolor no.