- Entre números y fracturas
La reforma electoral impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum sufrió su primer gran revés legislativo este 11 de marzo en la Cámara de Diputados. Aunque el oficialismo consiguió 259 votos a favor contra 234 en contra, la cifra quedó lejos de la mayoría calificada de dos terceras partes requerida para modificar la Constitución.
El dato duro es simple pero contundente: al menos 334 votos eran necesarios para aprobar la reforma. Morena y sus aliados apenas lograron superar la mayoría simple, evidenciando que la coalición legislativa que llevó al poder al proyecto de la llamada “Cuarta Transformación” no es monolítica cuando se trata de rediseñar las reglas electorales.
El golpe político no vino desde la oposición, sino desde los propios aliados del oficialismo. Tanto el Partido del Trabajo como el Partido Verde Ecologista de México habían adelantado que no respaldarían el dictamen en sus términos actuales.
Las diferencias se centraron en puntos técnicos que, en política, terminan siendo profundamente estratégicos:
- Cambios en la elección de diputados plurinominales.
- Modificaciones al Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP) operado por el Instituto Nacional Electoral.
- Ajustes al sistema de representación y conteo preliminar de votos.
El argumento público de los aliados fue que la iniciativa podía alterar el equilibrio del sistema electoral y generar incertidumbre en la operación de los comicios.
Dentro de Movimiento Regeneración Nacional la votación fue mayoritariamente alineada, bajo la coordinación parlamentaria de Ricardo Monreal. Sin embargo, incluso en el partido mayoritario aparecieron grietas.
Tres diputadas votaron en contra:
- Alejandra Chedraui Peralta
- Santy Montemayor Castillo
- Giselle Arellano Ávila
Además, legisladores como Olga Sánchez Cordero, Manuel Espino, Jesús Jiménez e Iván Peña Vidal no estuvieron presentes durante la votación, un detalle que en procesos constitucionales suele pesar tanto como un voto en contra.
El contraste fue más evidente en las bancadas aliadas.
En el PT, prácticamente toda la bancada votó contra la reforma; solo Jesús Roberto Corral Ordoñez respaldó el proyecto, mientras que un legislador estuvo ausente.
En el Partido Verde, el panorama fue dividido: 12 legisladores votaron a favor, pero la mayoría de la bancada optó por el rechazo, pese a que dirigentes del partido aseguraban coincidir en “alrededor del 95 % del contenido” de la propuesta.
Un mensaje político más allá de la votación
Más allá del resultado legislativo, el episodio deja varias lecturas políticas:
- La disciplina del bloque oficialista ya no es automática.
- Los partidos satélite están dispuestos a negociar más caro su respaldo.
- Las reformas constitucionales del nuevo gobierno enfrentarán una aritmética legislativa más compleja de lo previsto.
En términos prácticos, el rechazo no significa necesariamente el final del proyecto electoral de Sheinbaum. En la política mexicana, las reformas suelen regresar al tablero con ajustes, negociaciones y nuevas versiones.
Pero el mensaje del pleno fue claro: la mayoría simple alcanza para gobernar, pero no necesariamente para rediseñar las reglas del poder.
