Reforma electoral de Sheinbaum: ultimátum a aliados y apuesta sin consenso rumbo al Congreso

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La presidenta Claudia Sheinbaum lanzó un mensaje directo a sus aliados legislativos: la reforma electoral va, con o sin su respaldo pleno. En la conferencia matutina de este 24 de febrero, la mandataria dejó claro que el proyecto será presentado formalmente mañana, aun cuando el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) y el Partido del Trabajo (PT) mantengan reservas.

El tono no fue de negociación, sino de definición política. Sheinbaum sostuvo que no tiene sentido promover cambios cosméticos que “simulen” transformación, en alusión a ajustes menores que —según dijo— no responderían al reclamo ciudadano sobre el gasto de los partidos y el alto costo de las elecciones.

“No se trata de ‘quítale aquí, ponle aquí’ y que todo quede igual”, advirtió.

Los puntos que Sheinbaum no está dispuesta a negociar

La propuesta, según explicó, descansa en cuatro ejes que considera principios irrenunciables:

  • Modificar la elección de plurinominales, eliminando las listas cerradas definidas por los partidos y obligando a quienes aspiren a una curul a buscar el voto en territorio.
  • Reducir el costo de las elecciones, lo que implicaría ajustes presupuestales al Instituto Nacional Electoral (INE).
  • Recortar el financiamiento público a los partidos políticos.
  • Disminuir el gasto en Congresos estatales y estructuras municipales.

El planteamiento apunta a un rediseño profundo del sistema de representación, particularmente en el modelo plurinominal. Sin embargo, especialistas han advertido en debates previos que eliminar o transformar radicalmente estas figuras podría afectar el equilibrio de minorías en el Congreso, uno de los pilares del pluralismo legislativo en México.

Aunque Sheinbaum insiste en que la iniciativa responde a un compromiso con la ciudadanía, la decisión de enviarla sin un consenso sólido entre aliados revela una tensión interna en el bloque oficialista. La mandataria reconoció que el proyecto fue presentado a las fuerzas que la acompañaron en la elección, pero dejó entrever que la etapa de “espera” terminó.

El coordinador de Morena en la Cámara de Diputados, Ricardo Monreal, admitió que no existe acuerdo pleno y anticipó que la reforma podría enfrentar obstáculos si no se construyen mayorías suficientes. Aun así, se comprometió a dialogar con otras bancadas para garantizar los votos necesarios.

Se prevé que la iniciativa sea enviada a la Cámara de Diputados —en San Lázaro— como cámara de origen, aunque la Presidencia no lo ha confirmado oficialmente.

El trasfondo va más allá del rediseño electoral. La insistencia en reducir el presupuesto del INE y de los partidos toca fibras sensibles en un sistema que ha sido reformado de manera constante desde los años noventa. Para sus críticos, el riesgo es debilitar instituciones bajo el argumento de austeridad; para sus defensores, se trata de corregir privilegios y excesos.

En las próximas horas, tanto el PVEM como el PT podrían fijar postura. El dilema para los aliados es claro: cerrar filas en torno a la propuesta presidencial o presionar por modificaciones que, paradójicamente, la propia Sheinbaum ya calificó como inaceptables si no alteran el fondo.

La reforma electoral, más que un ajuste técnico, se perfila como una prueba de cohesión política para la nueva administración y como el primer gran pulso legislativo del sexenio.

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