Felifer: campaña adelantada y árbitro dormido

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El claro posicionamiento de Felipe Fernando Macías Olvera rumbo a las elecciones de 2027 deja poco espacio a la especulación y mucho a la sospecha. En Querétaro, donde la política suele caminar con sonrisa institucional y discurso de unidad, las señales ya no son tan sutiles. Las múltiples apariciones de “Felifer” en municipios que no gobierna, los apoyos brindados a otras regiones y una narrativa cada vez más personalista hacen suponer que la sucesión no solo está en marcha, sino que podría estar ya negociada.

No se trata de un alcalde distraído de sus responsabilidades, sino de uno demasiado presente fuera de su jurisdicción. San Juan del Río es el mejor ejemplo. Ahí, Macías ha sido protagonista recurrente: toma de protesta de la CANACO local, entregas de equipamiento de seguridad, acuerdos intermunicipales para la prevención del delito y la ya famosa frase acuñada durante un evento del Día de Reyes que, para muchos, sonó más a consigna que a cortesía institucional. Mensajes que no dicen “voy”, pero tampoco dicen “no”.

Formalmente, todo cabe en el manual. Macías acude como Presidente Municipal de Querétaro, promueve la coordinación entre ayuntamientos, habla de seguridad, orden y desarrollo económico. Firma acuerdos con el alcalde Roberto Cabrera Valencia y subraya la importancia de combatir la apología del delito y fortalecer la prevención. Nada ilegal, nada fuera de agenda. El problema no es el acto aislado, sino la suma de los actos; no el discurso, sino la reiteración; no la foto, sino el álbum completo.

Porque cuando un alcalde se vuelve figura constante en plazas ajenas, cuando su nombre empieza a pesar más que el cargo que ostenta y cuando la narrativa se centra en su persona y no en la institución, la línea entre gestión y promoción comienza a desdibujarse. Y esa línea, en materia electoral, no es menor.

En Querétaro, el Instituto Electoral del Estado (IEEQ) parece observar el fenómeno con una pasividad preocupante. Mientras la ola de actos anticipados de campaña crece —no solo de Macías, pero sí con él como estandarte— el árbitro electoral guarda silencio. Silencio que, en política, siempre se interpreta. Y casi nunca bien. La omisión también es una forma de tomar partido.

El apodo de “niño de oro” no surge de la nada. Felifer encarna al cuadro joven, mediático, con respaldo partidista y acceso a reflectores. Su agenda, cuidadosamente construida, lo coloca como interlocutor estatal aun cuando su encargo es municipal. La pregunta no es si puede hacerlo; la pregunta es si debe hacerlo con la intensidad, frecuencia y timing que hoy muestra.

San Juan del Río, con su peso electoral y simbólico, no es una parada casual. Tampoco lo son los mensajes sobre seguridad y economía que, sin decirlo, apelan a una visión de estado. El problema no es la colaboración intermunicipal —necesaria y deseable— sino su utilización como plataforma política personal. Cuando la cooperación se vuelve escaparate, deja de ser solo cooperación.

A dos años largos del proceso electoral, el tablero ya está siendo movido. Y mientras algunos juegan ajedrez, otros parecen conformarse con ver pasar las piezas. El IEEQ tiene la responsabilidad de marcar límites claros y oportunos. No para frenar aspiraciones legítimas, sino para garantizar piso parejo y respeto a las reglas. La ley electoral no se viola solo cuando se cruza la meta, sino también cuando se arranca antes del disparo.

Felifer Macías ya dejó poco a la imaginación. Ahora toca ver si las instituciones harán algo más que mirar. Porque en Querétaro, la democracia no debería depender de quién se adelanta más, sino de quién respeta mejor el juego.

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