Querétaro: el circo de las campañas adelantadas

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En el escenario político actual de Querétaro, no resulta insultante que los actores políticos se adelanten a las candidaturas de sus partidos. Y no lo es por dos razones claras: primero, porque aún no se definen oficialmente; y segundo, porque simplemente no son los tiempos.

Sin embargo, es precisamente ahí donde lo verdaderamente insultante toma forma.

La normalización de estas prácticas es lo preocupante. Lo he señalado en distintas columnas y hoy lo reitero: se está volviendo cotidiano lo que debería ser una excepción sancionable.

Partidos como Morena, PAN, Movimiento Ciudadano y el Partido Verde Ecologista de México hacen lo suyo en el estado, en una especie de competencia abierta —y adelantada— donde todos levantan la mano. No importa si se trata de diputados locales, federales, senadores, funcionarios en turno, improvisados operadores políticos o incluso supuestos comunicadores y analistas.

Porque sí, dicen ser analistas. Pero en la práctica, muchos operan más como propagandistas.

Filtran información, difunden versiones a modo y abordan los temas desde la narrativa que favorece al poder. Eso tiene otro nombre, y tarde o temprano habrá que llamarlo por lo que es: manipulación.

El problema no es solo de quienes incurren en estas prácticas, sino también de quienes lo permiten. Si las autoridades electorales y la ciudadanía continúan tolerando este juego adelantado, llegará el momento en que la ley se convierta en un simple panfleto. Un documento que todos citan, pero que pocos respetan.

La narrativa electoral se ha convertido en el campo de batalla principal. Ganarla parece justificarlo todo: saltarse procesos internos, ignorar estructuras partidistas y, en muchos casos, bordear o violar la legalidad.

Es una lógica peligrosa.

Tan peligrosa como cerrar calles para evitar aquello que incomoda, o como insistir en imponer ideas sin respetar la pluralidad. No se trata de descalificar creencias o posturas, sino de evidenciar una constante: la falta de respeto por las reglas del juego democrático.

Y esa insistencia termina por generar contradicciones cada vez más evidentes: funcionarios de gobiernos panistas que atacan a Morena, militantes que migran sin pudor entre partidos —del PRI a Movimiento Ciudadano, por ejemplo— o discursos que cambian según la conveniencia del momento.

Si todo esto parece exagerado o improbable, basta con observar el día a día político en Querétaro.

Porque está ocurriendo. Aquí. Ahora.

Y lo más preocupante es que cada vez menos gente parece sorprenderse.

Todo cabe en este nuevo modelo político… mientras funcione.

Las Breves Informativas

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