San Juan del Río dejó de ser, desde hace años, un municipio de trazo campirano y ritmo pausado. El crecimiento poblacional, la expansión comercial y el incremento acelerado del parque vehicular lo confirman día a día. No obstante, este desarrollo no ha sido acompañado por una planeación urbana seria, integral y con visión de futuro. La ciudad crece, pero lo hace sin orden, y ese desorden hoy se traduce en caos vial, inseguridad y una calidad de vida cada vez más deteriorada.
El caso del transporte público urbano es uno de los ejemplos más evidentes de esta falta de planeación. Resulta incongruente que unidades de pasajeros de grandes dimensiones continúen circulando por avenidas estrechas o por calles cuyo principal uso es comercial. En muchas de estas vialidades, ambos lados funcionan como estacionamiento permanente, reduciendo carriles, obstruyendo la visibilidad y generando puntos de conflicto constantes entre peatones, automovilistas y transporte colectivo.
Las consecuencias no se limitan al tráfico. Los accidentes viales protagonizados por el transporte urbano se han vuelto frecuentes y preocupantes. Choques con vehículos particulares, atropellamientos, daños a mobiliario urbano e incluso afectaciones a comercios forman parte de una estadística no oficial que crece sin que exista una respuesta clara por parte de la autoridad. Calles que no están diseñadas para soportar el peso y el tamaño de estas unidades terminan convirtiéndose en escenarios de riesgo permanente.
A ello se suma la presión sobre una de las avenidas principales del municipio (Av Juárez), que colapsa prácticamente todos los días en horas pico. Este congestionamiento crónico no es producto del azar, sino el resultado de un modelo de movilidad rebasado, que sigue operando con criterios de hace décadas, cuando San Juan del Río tenía otra escala y otras necesidades.
El panorama se vuelve aún más complejo cuando se incorporan otros problemas que la autoridad municipal parece observar con distancia. La percepción de inseguridad ha aumentado, así como el número de personas en situación de calle, un fenómeno social que requiere atención interinstitucional y no simples omisiones. Lejos de ello, la respuesta ha sido insuficiente o, en algunos casos, inexistente.
Particularmente grave ha sido el cierre de vialidades en el Centro Histórico sin previo aviso ni una estrategia alterna de circulación. Bloquear el corazón de la ciudad sin un programa de movilidad emergente ni un operativo de tránsito eficaz provoca embotellamientos, retrasa traslados y afecta directamente a comerciantes, trabajadores y visitantes. La improvisación se vuelve la constante.
A este desorden se añade el deterioro de las calles y avenidas del primer cuadro del municipio. Las obras de rehabilitación avanzan lentamente, con trabajos intermitentes y plazos poco claros. La sensación ciudadana es que se trabaja sin urgencia, bajo una lógica de “semana inglesa”, mientras la ciudad sigue enfrentando baches, cierres parciales y riesgos para automovilistas y peatones.
Todo este escenario exhibe una realidad preocupante: una autoridad municipal con una visión limitada frente a los retos de una ciudad que ya no es pequeña. La falta de claridad sobre lo prioritario, la escasa capacidad de respuesta y la ausencia de una política integral de movilidad, seguridad y urbanización están generando un desgaste cotidiano entre los sanjuanenses.
San Juan del Río crece, pero crecer sin planeación también es una forma de retroceder. Mientras no se asuma con seriedad que el municipio necesita cambios profundos en su modelo urbano, los accidentes, el caos vial y la inconformidad social seguirán siendo parte del paisaje diario.

