El operativo municipal para retirar el comercio informal en el Centro Histórico terminó convirtiéndose en un episodio de tensión que dejó más preguntas que resultados. La intervención, ejecutada por inspectores del ayuntamiento, derivó en forcejeos con vendedores ambulantes y artesanos que se resistían al decomiso de su mercancía en una zona considerada protegida.
El saldo fue cinco inspectores lesionados —tres de ellos de gravedad— además de comerciantes con heridas leves. La autoridad instaló un perímetro de seguridad y procedió al aseguramiento de productos, pero evitó pronunciarse sobre el uso de la fuerza o la falta de protocolos preventivos para evitar la confrontación.
La escena evidenció, una vez más, la tensión histórica entre regulación y subsistencia. Mientras el municipio insiste en ordenar el espacio público, los vendedores denuncian que los permisos son insuficientes, tardíos o simplemente inaccesibles. El choque en Plaza de Armas no solo refleja una disputa por espacio, sino por derechos, desigualdad y una estrategia de control urbano que sigue sin priorizar el diálogo.
La pregunta es inevitable:
¿Fue un operativo de orden o un fracaso de gobernanza?