Pasar de una zona periférica de la Ciudad de México al Centro Histórico puede cambiar la sensación térmica en cuestión de minutos. Mientras en áreas con mayor vegetación el termómetro puede marcar temperaturas bajas, en las zonas dominadas por el concreto el calor se intensifica. No se trata de un cambio de estación, sino de uno de los efectos de la urbanización.
De acuerdo con Erik Velasco Saldaña, investigador del Molina Center for Energy and the Environment, la temperatura de la capital ha aumentado de forma sostenida desde 1990, con un incremento aproximado de 0.34 grados Celsius por década. Si esa tendencia continuara durante un siglo, el aumento rondaría los 3.4 grados. Bajo escenarios más adversos de cambio climático, el incremento podría superar los seis grados en los próximos 100 años.
Cambio climático y urbanización: dos factores que elevan la temperatura
El calentamiento de la Ciudad de México no responde a una sola causa. Por un lado está el cambio climático y, por otro, el crecimiento urbano. Ambos procesos pueden combinarse y favorecer temperaturas más elevadas en determinadas zonas de la capital.
Una de las principales consecuencias de la expansión urbana son las llamadas islas de calor, áreas donde la temperatura es considerablemente mayor que en las regiones rurales que rodean a una ciudad.
La doctora Elda Luyando, investigadora del Centro de Ciencias de la Atmósfera de la UNAM, explica que estas islas se producen cuando determinados puntos urbanos acumulan aire más caliente que las zonas rurales cercanas.
¿Por qué algunas zonas de la CDMX son más calurosas?
La respuesta está, en buena medida, en los materiales y en la estructura de la ciudad. El concreto, el asfalto y otras superficies construidas absorben y almacenan energía solar, mientras que la presencia limitada de árboles, áreas verdes y cuerpos de agua reduce la capacidad natural de enfriamiento.
Sin embargo, las islas de calor no permanecen activas de manera constante. Su aparición depende de ciertas condiciones meteorológicas, especialmente cielos despejados, poco viento y una intensa radiación solar.
En esas circunstancias, algunas zonas densamente urbanizadas pueden registrar diferencias importantes respecto de lugares con mayor vegetación.
Las islas de calor también modifican el entorno
El problema no se limita a que una calle resulte más calurosa que otra. Según Velasco Saldaña, el calentamiento urbano puede relacionarse con cambios en distintos procesos meteorológicos y ambientales.
Entre ellos se encuentran una menor evapotranspiración y modificaciones en los patrones de lluvia, que pueden contribuir a episodios de precipitaciones intensas e inundaciones. También pueden presentarse condiciones desfavorables para la calidad del aire.
A esto se suman mayores emisiones de gases de efecto invernadero. Entre los ejemplos señalados por el investigador están el dióxido de carbono asociado con el uso de aire acondicionado y el metano procedente de rellenos sanitarios y aguas residuales. El aumento de las temperaturas también puede favorecer un mayor riesgo de incendios.
El Centro Histórico, uno de los ejemplos más claros
Las diferencias térmicas pueden ser especialmente notorias entre las zonas urbanizadas y las áreas rurales de la capital.
De acuerdo con registros citados por Luyando, durante algunas mañanas de marzo de 2018 se llegaron a observar diferencias de hasta 10 grados Celsius entre el centro de la ciudad y áreas rurales.
Esto no significa que toda la CDMX tenga la misma temperatura ni que exista una sola isla de calor. Se trata de fenómenos localizados. El Centro Histórico es uno de los ejemplos debido a su elevada densidad de construcciones y a la escasa presencia de vegetación.
Además, cada ciudad desarrolla sus propias características térmicas. La ubicación geográfica, la altitud, las montañas que la rodean, el clima, el crecimiento urbano y hasta las condiciones económicas influyen en la manera en que se manifiesta este fenómeno.
¿La CDMX está ante un problema irreversible?
Los especialistas señalan que todavía existe margen para actuar. Aunque la temperatura de la capital mantiene una tendencia ascendente, el clima de la ciudad continúa siendo relativamente moderado frente a otros lugares del mundo.
Velasco Saldaña destaca que la CDMX mantiene condiciones que pueden considerarse favorables: temperaturas que generalmente no alcanzan extremos prolongados, un ambiente relativamente seco y lluvias concentradas principalmente durante las tardes de verano.
Eso no elimina los riesgos. El aumento térmico puede afectar de manera indirecta a personas vulnerables y alterar el equilibrio del ecosistema urbano, por lo que reducir los efectos del calentamiento requiere adaptar la ciudad.
Más árboles y espacios frescos entre el concreto
Una de las estrategias planteadas por especialistas es incrementar la infraestructura verde. La idea consiste en recuperar el equilibrio entre las superficies pavimentadas y los ecosistemas urbanos.
Elvira Jiménez Navarro, coordinadora de campañas de Greenpeace España, ha planteado la creación de refugios climáticos, espacios públicos o privados destinados especialmente a personas vulnerables durante episodios de calor. Estos lugares podrían mantener temperaturas interiores de entre 26 y 27 grados y contar con áreas para sentarse y descansar.
También se propone ampliar las coberturas verdes y plantar más árboles, capaces de aportar sombra y contribuir al enfriamiento de los espacios urbanos.
Por ahora, que en la CDMX alguien salga con chamarra por la mañana y termine buscando sombra unas horas después puede parecer una simple anécdota. Pero detrás de esa diferencia existe un fenómeno medible: la combinación entre cambio climático, concreto y pérdida de vegetación está transformando la temperatura de la ciudad.