- Cuerpos de repuesto y «sacos de órganos»: El polémico plan de R3 Bio para alcanzar la inmortalidad
RICHMOND, CALIFORNIA – Una investigación de MIT Technology Review ha sacado a la luz los detalles de R3 Bio, una startup biotecnológica que, bajo la apariencia de una empresa de ensayos alternativos con animales, desarrolla una tecnología mucho más radical: la creación de clones humanos sin conciencia destinados al reemplazo de órganos.
John Schloendorn, fundador de la compañía y figura conocida en el ámbito de la «longevidad extrema», ha presentado ante inversores privados una visión donde los seres humanos podrían disponer de «clones de respaldo». Estos cuerpos serían gestados inicialmente por madres sustitutas y modificados mediante la tecnología CRISPR para carecer de hemisferios corticales, basándose en la condición médica de la hidranencefalia. Según la propuesta, al no poseer conciencia, estos «sacos de órganos» no plantearían los mismos conflictos éticos que un ser humano completo, aunque expertos en neurociencia advierten que el tronco encefálico podría albergar formas básicas de sentir.

Un niño con hidranencefalia, una enfermedad rara en la que falta la mayor parte del cerebro. ¿Podría crearse también un clon humano con una parte menor del cerebro como fuente ética de órganos de repuesto? – DIMITRI AGAMANOLIS, MD VÍA WIKIPEDIA
La empresa ha recibido financiamiento de fondos como Immortal Dragons y Long Game Ventures, recaudando millones para probar estas técnicas en monos desde bases en el Caribe. Aunque R3 Bio emitió un comunicado negando cualquier intención de crear clones humanos con daño cerebral, documentos internos y agendas de conferencias exclusivas contradicen su postura oficial, vinculándolos incluso con proyectos de la agencia federal ARPA-H.
El debate ético está servido. Mientras defensores del transhumanismo ven en el «reemplazo total del cuerpo» la única vía real para vencer al envejecimiento, científicos como José Cibelli califican la idea de «locura», señalando que la creación de un ser humano intencionalmente anormal cruza una línea roja moral y biológica sin precedentes.
con información de MIT Technology Review