- San Juan del Río, Huimilpan, Querétaro capital, Corregidora, El Marqués y Colón: la disputa por las coordinaciones municipales exhibe el reto de elegir perfiles sin fracturar al movimiento.
La política tiene una paradoja que se repite cada tres años: cuando un partido crece y sus posibilidades de ganar elecciones aumentan, también crece el número de personas que quieren representarlo. Morena vive hoy esa realidad en Querétaro y en buena parte del país. Los registros para las coordinaciones municipales rumbo a las intermedias del 2027 han abierto una competencia que pone a prueba no solamente la capacidad organizativa del partido, sino también su congruencia, su transparencia y su capacidad para procesar las ambiciones de su propia militancia.
¿Estamos ante una auténtica renovación de cuadros políticos o ante una carrera por conseguir el espacio que puede convertirse en la antesala de una candidatura?
Una cosa es participar en un proceso interno y otra muy distinta demostrar que se tienen las capacidades, la trayectoria y la autoridad moral para encabezar un proyecto político.
Un lugar, decenas de aspiraciones
El problema de Morena no es que existan muchos interesados. La participación política es legítima y un movimiento que presume su origen popular debería celebrar que haya ciudadanos y militantes dispuestos a involucrarse.
El verdadero problema aparece cuando todos quieren encabezar el proyecto, pero solamente una persona puede obtener la coordinación municipal.
En San Juan del Río, esta disputa ya tiene dimensiones importantes. Desde agosto se hablaba de más de 20 posibles interesados en distintas coordinaciones municipales y distritales. Posteriormente, el diputado local Édgar Inzunza Ballesteros confirmó su registro para coordinar los trabajos de Morena en el municipio. También han circulado públicamente nombres como Rosy Sinecio, Eli Correa, Néstor Luna, Carlos Tonatiuh Mondragón y Mario Misael Pérez Pichardo, por mencionar a una lista representativa para una misma coordinación.
La relevancia de San Juan del Río no es menor. Se trata de uno de los municipios estratégicos para las aspiraciones electorales de Morena en Querétaro, por lo que la selección del perfil no solamente tendrá consecuencias para la organización local: también influirá en el equilibrio político del movimiento rumbo a 2027.
Aquí aparece la primera gran prueba para la dirigencia: evitar que la competencia se convierta en una disputa de grupos, padrinazgos y negociaciones cupulares. Si el partido afirma que la ciudadanía debe decidir, debe garantizar que las reglas sean claras y que los resultados puedan explicarse.
La misma discusión merece atención en Huimilpan, Querétaro capital, Corregidora, El Marqués y Colón. En estos municipios, el proceso de coordinación representa una oportunidad para fortalecer la organización territorial, pero también abre interrogantes sobre los perfiles que buscan encabezarla, su trabajo previo y su capacidad para construir acuerdos.
En la capital queretana, por ejemplo, se reportaron siete aspirantes al 12 de octubre: Mauricio Ruiz Olaes, Claudia Díaz Gayou, Andrea Tovar Saavedra, Fernando Flores Pérez, César Gutiérrez, Arturo Maximiliano y José María Tapia Franco. La lista muestra que el interés por dirigir la organización municipal no se limita a un solo grupo ni a una única trayectoria política.
En los demás municipios mencionados, el reto es el mismo: distinguir entre quienes cuentan con trabajo territorial comprobable y quienes aparecen en la contienda principalmente porque perciben una oportunidad electoral.
La evaluación debe ser pareja. No se puede exigir transparencia a los adversarios y tolerar opacidad entre los propios.
El registro no es una candidatura, pero sí una señal de poder
Morena abrió del 8 al 18 de octubre el registro para sus coordinaciones municipales de defensa de la transformación y la soberanía nacional. Se trata de responsabilidades de organización política que pueden perfilar a futuros aspirantes, pero no equivalen formalmente a una candidatura a la presidencia municipal.
Esta distinción es fundamental.
Aunque el discurso oficial insista en que se trata de organizar al movimiento, nadie ignora que estas posiciones adquieren relevancia de cara a la elección de 2027. Quien encabece una coordinación puede ganar visibilidad, construir relaciones políticas, fortalecer su presencia territorial y colocarse en una posición favorable para la siguiente etapa.
Por eso sería ingenuo suponer que todos los participantes se registran sin considerar sus posibilidades electorales.
La dirigencia tiene la obligación de explicar qué criterios determinarán a los seleccionados, cómo se evaluará su trayectoria, qué peso tendrá el reconocimiento ciudadano y de qué manera se garantizará que los recursos públicos no se utilicen para favorecer intereses partidistas.
También debe aclarar qué mecanismos existen para resolver inconformidades. Pedir unidad después de anunciar un resultado no es suficiente cuando los participantes desconocen cómo se llegó a esa decisión.
La encuesta no es una licencia para gobernar
Uno de los argumentos más utilizados por Morena es que las encuestas permiten escuchar directamente a la población. En principio, es un mecanismo válido para conocer preferencias y medir el reconocimiento de los perfiles.
Pero una encuesta no puede convertirse en la única medida de idoneidad.
Una persona puede ser ampliamente conocida y, aun así, carecer de experiencia administrativa suficiente. Otra puede tener años de militancia y trabajo comunitario, pero no contar con el reconocimiento necesario para encabezar una competencia electoral. El desafío consiste en evaluar ambas dimensiones y no confundir popularidad con capacidad.
En San Juan del Río, Querétaro capital y los demás municipios, la dirigencia debe responder una pregunta elemental: ¿se elegirá al perfil más conocido, al que tiene mejores relaciones políticas o al que ofrece la combinación más sólida de honestidad, experiencia, trabajo territorial y capacidad de gobierno?
Si las encuestas van a definir la decisión, sus resultados deben ser comprensibles y verificables. Y si existen criterios adicionales, estos deben conocerse antes de que se anuncien los nombres.
De otra manera, cualquier resultado desfavorable para un aspirante puede convertirse en motivo de sospecha y alimentar la percepción de que la decisión ya estaba tomada.
Huimilpan, Corregidora, El Marqués y Colón: la prueba debe ser la misma
En Huimilpan, Corregidora, El Marqués y Colón, la discusión no debería reducirse a qué grupo político tiene mayor fuerza ni a quién puede reunir más simpatizantes.
La pregunta debe ser qué necesita cada municipio y quién cuenta con las mejores condiciones para responder a esas necesidades.
En Huimilpan, la representación de las comunidades y la atención a las necesidades rurales deben ocupar un lugar central en cualquier proyecto municipal. En Corregidora, el crecimiento urbano, la movilidad y los servicios públicos requieren propuestas viables. En El Marqués, la expansión habitacional y la presión sobre la infraestructura obligan a discutir la planeación del territorio. En Colón, las oportunidades económicas y el desarrollo de las comunidades deben formar parte de una agenda que no se limite a las promesas electorales.
Estos son problemas públicos concretos, no simples herramientas para construir discursos de campaña.
Por eso, los aspirantes deberían presentar compromisos medibles, acreditar su experiencia y explicar cómo pretenden construir una organización política que no dependa exclusivamente de su propia figura.
Un buen coordinador no es necesariamente quien más fotografías publica, quien más reuniones organiza o quien más respaldo presume. Es quien consigue que el movimiento tenga presencia real en las comunidades, escuche a sus habitantes y transforme sus demandas en propuestas serias.
La ambición política también tiene costos internos
El escenario de muchos aspirantes y un solo lugar plantea un riesgo que Morena no puede ignorar: la posibilidad de que quienes pierdan el proceso se conviertan en adversarios internos del perfil seleccionado.
Cuando las expectativas personales superan el compromiso colectivo, la unidad partidista se vuelve frágil. Aparecen las inconformidades, las acusaciones de favoritismo, las negociaciones de última hora y la tentación de buscar otras siglas para mantener viva una aspiración.
No todos los inconformes actúan por ambición, ni toda crítica al procedimiento significa deslealtad. En ocasiones, los cuestionamientos pueden revelar fallas reales de organización o transparencia. La dirigencia debe tener la madurez para distinguir entre una inconformidad legítima y una presión para obtener beneficios particulares.
Pero también los aspirantes deben asumir su responsabilidad. Registrarse implica aceptar reglas conocidas, respetar a los compañeros y entender que participar no garantiza un nombramiento.
Si todos aseguran que su compromiso está con la transformación, ese compromiso debe demostrarse también cuando no obtienen el resultado que esperaban.
La unidad no puede consistir en exigir silencio a quienes cuestionan una decisión, pero tampoco puede significar que cada aspirante amenace con romper el movimiento si no consigue lo que busca.
Morena debe evitar las viejas prácticas que criticó
Morena construyó su identidad política sobre la crítica a los privilegios, las imposiciones y las prácticas tradicionales del poder. Precisamente por eso, sus procesos internos deben someterse a un escrutinio mayor.
No basta con afirmar que la decisión será democrática. Hay que demostrarlo.
No basta con hablar de honestidad. Hay que evaluar trayectorias.
No basta con invocar al pueblo. Hay que escuchar a la ciudadanía más allá de los grupos organizados y las estructuras partidistas.
Y no basta con anunciar encuestas. Hay que explicar qué miden, cómo se realizan y qué papel desempeñan en la decisión final.
En el ámbito nacional, Morena registró 277 aspirantes para las coordinaciones estatales en 17 entidades que renovarán gubernatura en 2027. Esa cifra refleja la magnitud del movimiento y el atractivo que tiene competir bajo sus siglas. Al mismo tiempo, demuestra la dificultad de administrar expectativas cuando el número de participantes es considerablemente mayor que el de espacios disponibles.
El reto se reproduce a escala municipal: cuanto mayor es la expectativa de acceder a una posición política, mayor debe ser la responsabilidad de quienes organizan el proceso.
Querétaro no necesita una competencia de popularidad ni una negociación interminable entre grupos. Necesita un procedimiento que privilegie la capacidad, la honestidad y la cercanía con la ciudadanía.
El verdadero ganador debe ser el movimiento, no un grupo
La definición de las coordinaciones municipales en San Juan del Río, Huimilpan, Querétaro capital, Corregidora, El Marqués y Colón será una prueba para Morena.
Si el proceso es transparente, si los perfiles se evalúan con criterios claros y si las decisiones pueden justificarse, el partido tendrá la oportunidad de fortalecer su organización y llegar a 2027 con una estructura más sólida.
Si, por el contrario, predominan las sospechas, los acuerdos poco claros y la percepción de que existen aspirantes favorecidos de antemano, el costo no se limitará a quienes pierdan. También lo pagará la credibilidad del movimiento.
Porque cuando hay muchos aspirantes y un solo lugar, la dirigencia no solamente elige a una persona: también define qué mensaje envía a todos los demás.
Puede demostrar que el trabajo y la congruencia importan, o alimentar la idea de que el acceso al poder depende de relaciones, grupos y decisiones tomadas lejos de la ciudadanía.
La militancia merece reglas claras. Los municipios merecen representantes preparados. Y los ciudadanos merecen saber por qué una persona recibe el respaldo de un partido que aspira a gobernarlos.
Morena tiene derecho a organizarse y sus militantes tienen derecho a aspirar. Pero nadie tiene derecho a convertir una aspiración personal en una exigencia de poder.
Al final, no se trata de cuántas personas quieren ocupar el espacio, sino de quién puede demostrar que está preparado para asumir la responsabilidad. Y, sobre todo, de si quienes no resulten seleccionados estarán dispuestos a demostrar que su compromiso con la transformación era más importante que su ambición por encabezarla.
El verdadero examen de Morena no será cuántos registros consiga, sino qué tan «democrático, transparente y unido consiga mantenerse después de elegir a una sola persona.»
