- Las doctoras Claudia Rosina Bara y Karla Nicol Hernández participaron en una residencia académica en Nantes, donde analizaron experiencias de alimentación sostenible, economía solidaria y defensa de semillas nativas.
La discusión sobre cómo producir, distribuir y consumir alimentos de manera más justa llevó a dos investigadoras de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ), con trabajo académico en Amealco de Bonfil, hasta Nantes, Francia, donde participaron en una residencia dedicada a repensar los sistemas alimentarios desde una perspectiva de bien común.
Las doctoras Claudia Rosina Bara, de la Facultad de Contaduría y Administración, y Karla Nicol Hernández, de la Facultad de Ingeniería, formaron parte de la Chaire Communs del Instituto de Estudios Avanzados de Nantes (IEA), junto con Paola Abril Campos Rivera, directora de Evidencia y Acción para la Equidad en Salud del Tecnológico de Monterrey.
La estancia representó la primera residencia colectiva realizada en la historia del IEA. El encuentro reunió a especialistas de distintas disciplinas para abordar los sistemas alimentarios desde perspectivas que van de la agrobiodiversidad y la conservación de semillas nativas a la agroecología, la economía solidaria, los mercados locales y la salud pública.
De Amealco a Nantes: comparar experiencias
La participación de Bara y Hernández estuvo vinculada con los años de trabajo que ambas han desarrollado en iniciativas universitarias de vinculación social y en colectivos relacionados con la soberanía alimentaria.
Durante la residencia impulsaron el proyecto “Reimaginando los sistemas alimentarios: lecciones y prácticas internacionales para avanzar hacia la alimentación como bien común”, mediante el cual compararon más de 15 años de experiencias de redes alimentarias alternativas y soberanía alimentaria en México con proyectos desarrollados en Nantes y otras zonas de Francia.
El intercambio incluyó encuentros con autoridades locales involucradas en políticas alimentarias, además de investigadores y representantes de instituciones como el Instituto Nacional para la Investigación Agrícola y el Ambiente (INRAE), en Rennes; la Universidad del Bien Común y la Academia del Clima, ambas en París.
Más que trasladar modelos de un país a otro, el ejercicio permitió identificar coincidencias, diferencias y posibles aprendizajes entre comunidades que enfrentan retos relacionados con la producción, comercialización y acceso a alimentos.
La alimentación como derecho y no como mercancía
Uno de los ejes de la investigación fue cuestionar la idea de que una alimentación saludable, sostenible y suficiente deba entenderse principalmente como un producto sujeto a las reglas del mercado.
Desde esta perspectiva, el proyecto planteó recuperar la alimentación como un derecho humano y un componente del bienestar colectivo, vinculado con la autonomía de las comunidades, la protección de la biodiversidad y la capacidad local para producir y distribuir alimentos.
El trabajo realizado en Francia también se relacionó con el proyecto del Fondo para el Fortalecimiento de la Investigación, la Vinculación y la Extensión (FONFIVE) de la UAQ, encabezado por Hernández y Bara, que busca conectar procesos y estructuras locales con experiencias de alcance internacional.
Entre las conclusiones de la residencia surgió una idea central: construir sistemas alimentarios sostenibles no depende únicamente de quienes producen o de las organizaciones comunitarias. También requiere políticas públicas, coordinación entre actores y decisiones que reconozcan las condiciones particulares de cada territorio.
Para Amealco, el reto pasa por mirar la alimentación desde sus propias comunidades: fortalecer a quienes producen, dar mayor visibilidad a los mercados locales y generar espacios donde productores, consumidores, especialistas y autoridades puedan discutir soluciones acordes con la realidad del municipio.
Porque hablar de soberanía alimentaria, al final, no sólo significa decidir qué llega a la mesa. También implica preguntarse quién produce los alimentos, bajo qué condiciones, cómo se distribuyen y qué tan preparada está una comunidad para decidir sobre su propio futuro alimentario.
