La Rapiña del 2027: Chapulines, Esquites y el Olvido de la Gente

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Ha comenzado formalmente el desfile. Esa pasarela de rostros conocidos —demasiado conocidos, dirían algunos— que hoy buscan reciclarse bajo el cobijo de una marca que, a fuerza de victorias, parece haber olvidado sus principios.

La Política del «Reel» y el Talento de Kínder

No es casualidad, sino desesperación, el nuevo mecanismo que han adoptado estos aspirantes para ganar una notoriedad que las urnas y el trabajo de campo no les dan. Ahora, la estrategia es grabarse en los lugares emblemáticos de nuestros municipios, fingiendo una cercanía con la tierra que no sienten y una preocupación que se apaga en cuanto termina la grabación.

Ver sus videos es asistir a un despliegue de dramatismo barato, donde su «brillante» actuación está al mismo nivel que un festival de fin de cursos de kínder: forzada, acartonada y profundamente ridícula. Creen que por posar frente a una iglesia o un mercado ya conocen la realidad del pueblo, pero la ciudadanía no es público de kermés; sabemos distinguir entre un líder y un actor de quinta que solo busca el like para esconder su falta de propuesta.

En el plano terrenal, los ciudadanos de a pie observamos el mismo guion de cada trienio: perfiles que caminan con la nariz alzada, seguidos por un séquito que limpia la basura y les abre paso para que el «señor candidato» no se ensucie los zapatos, ni le llegue el olor de ese pueblo que solo visitan cuando hay una boleta de por medio.

Si no me creen, miren hacia el Senado, la Cámara baja y la legislatura local, en los pasillos de la política local ya los tachan de ser los expertos en «guardar los esquites y los garbanzos para comer después». Esa táctica del ahorro político, de administrar el silencio y la presencia según convenga, mientras las bases esperan una representación que no solo se vea bien en las fotos, sino que actúe. ¿Qué han guardado nuestros legisladores para este 2027? ¿Seguirán apostando a la inercia del nombre o finalmente bajarán al lodo donde la batalla electoral se gana de verdad?

El camino hacia la elección intermedia de 2027 en México no es solo sinuoso; es peligroso. La sombra de lo que ocurre en Sinaloa no se queda en el norte; es un fantasma que ya recorre y calienta el discurso en Querétaro y, muy especialmente, en San Juan del Río.

Es un tema espinoso que muchos prefieren esquivar por respeto a la «narrativa del estamos mejor que Guanajuato» —esa autoridad que merece deferencia por su cargo, pero que también debe rendir cuentas por el estado de las cosas—. Sin embargo, el silencio no es opción cuando la seguridad nacional y local está en juego.

La narrativa de la «paz queretana» se resquebraja ante una realidad que golpea la puerta.

Hoy la batalla real es interna. En MORENA, todos quieren, todos levantan la mano, y la imagen que proyectan es idéntica a la de la rapiña: el que llega primero y se para mejor, es el que se lleva la mayor tajada del botín electoral.

En esta versión de la democracia de la «4T», el panorama es desolador para el idealista:

  • Al chapulín: Se le reivindica y se le da la bienvenida con alfombra roja, olvidando su pasado en las filas que juraron combatir.
  • Al ladrón: Se le expía de sus pecados con un baño de «honestidad valiente» por decreto.
  • Al narcotraficante: Se le esconde tras un discurso de abrazos que ya nadie compra.

La Factura de 2027

Mientras los aspirantes se pelean por los restos de un sistema que prometieron cambiar, en Querétaro y San Juan del Río la gente observa.

El 2027 no será una simple elección de cargos; será el examen final para un partido que, en su afán de poder, ha permitido que el oportunismo devore a la esperanza.

Las Breves Informativas

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