San Juan del Río en abandono: cinco años perdidos y un municipio que se cae a pedazos

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Durante años se prometió que San Juan del Río tendría un gobierno capaz de transformar la infraestructura, fortalecer los servicios públicos, mejorar la seguridad y ofrecer espacios dignos para sus habitantes. Sin embargo, la realidad que hoy enfrentan miles de sanjuanenses dista mucho de aquel discurso de progreso.

Basta recorrer el municipio para constatar el evidente deterioro de edificios públicos, parques, plazas y unidades deportivas. El caso más representativo es el Centro Cultural y de Convenciones (CECUCO), un inmueble que durante años fue símbolo de la vida social y económica del municipio al albergar la tradicional Feria de San Juan del Río. Hoy continúa siendo sede de actividades deportivas y culturales, pero su imagen refleja abandono, desgaste y falta de mantenimiento.

Hace apenas unas semanas el gobierno municipal anunció una inversión superior a los 70 millones de pesos para la rehabilitación de calles y avenidas sin la rehabilitación de edificios públicos. La magnitud del deterioro en que se encuentra el CECUCO hace pensar que el Centro Cultural no es una parte del problema. El abandono no se limita a un edificio; es el reflejo de una administración que tuvo prácticamente seis años para dar mantenimiento a la infraestructura municipal y no lo hizo.

La situación es visible en numerosos espacios públicos donde persisten áreas sin pavimentar, instalaciones deportivas deterioradas, baños fuera de servicio, falta de agua potable en algunos inmuebles y una evidente ausencia de mantenimiento preventivo. Son problemas que llevan décadas acumulándose y que en los últimos años se han profundizado.

Hablar de un buen gobierno implica mucho más que inaugurar obras o anunciar inversiones. Significa garantizar servicios públicos eficientes, oficinas municipales funcionales, espacios limpios y seguros, así como instalaciones dignas para recibir a los ciudadanos que diariamente cumplen con sus obligaciones y pagan impuestos. Esos recursos deberían traducirse en bienestar colectivo y en una ciudad que avance, no en un municipio donde el deterioro se vuelve parte del paisaje cotidiano.

Lo preocupante es que el abandono físico parece ir acompañado del deterioro institucional. En los últimos cinco años se han acumulado problemas sociales, persisten cuestionamientos sobre la transparencia en el ejercicio del gobierno y crece la percepción ciudadana de abuso institucional. A ello se suma una población que enfrenta inseguridad, deficiencias en el transporte, incrementos en diversos servicios y una calidad de vida cada vez más complicada.

La ciudadanía no solo debe lidiar con calles deterioradas o edificios públicos en malas condiciones; también enfrenta la sensación de que levantar la voz resulta insuficiente frente a un aparato gubernamental que responde con opacidad antes que con soluciones.

San Juan del Río merece mucho más que discursos y anuncios. Merece una administración que priorice el mantenimiento del patrimonio público, que cuide los espacios que pertenecen a todos y que entienda que gobernar significa resolver problemas, no administrarlos.

El escenario rumbo a 2027 tampoco ofrece demasiadas certezas. La oposición ha demostrado, en distintos momentos, que señalar los errores del gobierno no necesariamente significa estar preparada para gobernar mejor. La crítica resulta indispensable, pero debe ir acompañada de proyectos, capacidad y resultados.

Mientras tanto, la continuidad política que se presume en Querétaro enfrenta un reto importante: demostrar que esa estabilidad realmente beneficia a los municipios. Porque cuando las calles, los parques, los edificios públicos y los servicios muestran signos evidentes de abandono, la percepción ciudadana termina imponiéndose sobre cualquier discurso oficial.

San Juan del Río necesita recuperar el rumbo. Lo que hoy está en juego no es únicamente la imagen de un edificio emblemático como el CECUCO, sino la confianza de una sociedad que observa cómo, poco a poco, su municipio se deteriora frente a la mirada de quienes tuvieron la responsabilidad de evitarlo.

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