San Juan del Río y Querétaro: la guerra política rumbo a las elecciones y el desgaste de Morena y PAN

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  • La política queretana, atrapada entre el poder, la confrontación y la memoria ciudadana

El escenario político en Querétaro, y particularmente en San Juan del Río, comienza a calentarse mucho antes de que las urnas vuelvan a convertirse en el campo de batalla. Lo preocupante no es únicamente la confrontación entre partidos, sino la pobreza del debate público que algunos actores pretenden convertir en estrategia electoral.

La reciente conferencia de prensa de una fracción de Morena, en la que participaron figuras como Edgar “El Güero” Inzunza y el Secretario General de morena Querétaro., Alejandro Pérez, dejó una impresión difícil de ignorar: más que una exposición de propuestas, pareció una respuesta política encaminada a cuestionar el encuentro que reunió a destacados panistas del estado.

¿Dónde quedó el propósito partidista de construir una alternativa para los ciudadanos?

Porque si la política va a reducirse a señalar al adversario, recordar agravios, reciclar acusaciones y alimentar la confrontación, entonces los partidos están fallando precisamente en aquello que dicen defender: a la ciudadanía.

Ya no estamos en los tiempos de “acúsalo con su mamá”, aquella frase de la popular comedia de El Chavo del Ocho. Sin embargo, pareciera que algunas estrategias políticas siguen dependiendo de la denuncia estridente, el señalamiento y el ruido mediático. Una fórmula que durante años fue explotada en el discurso político nacional y que hoy parece reproducirse a nivel local.

El problema es que el electorado ya no se conforma con escuchar quién es el malo de la película. Quiere saber quién tiene soluciones.

El cónclave panista y una unidad que también genera preguntas

Del otro lado, la reunión de figuras panistas tampoco puede analizarse con ingenuidad. Que distintos grupos y personajes hayan logrado sentarse en una misma mesa revela que existe una preocupación común frente al escenario electoral que se aproxima.

La unidad política, sin embargo, nunca es gratuita.

Cuando grupos que han tenido diferencias importantes consiguen cerrar filas, la pregunta inevitable es cuál es la amenaza que los obliga a hacerlo y, sobre todo, cuál será el costo político de ese acuerdo.

El tiempo terminará respondiendo si se trató de una verdadera reconstrucción interna o simplemente de una tregua electoral.

Porque en política las fotografías de unidad duran lo que dura el interés que las hizo posibles.

Entre acusaciones, investigaciones y un poder que parece no escuchar.

El debate se vuelve todavía más delicado cuando aparecen publicaciones periodísticas y materiales que cuestionan el funcionamiento de las estructuras de poder en México. La discusión sobre corrupción no puede convertirse en un arma exclusiva de un partido contra otro, así lo deja claro las recientes declaraciones del periodista Ramón Alberto Garza sobre el huachicol fiscal, una presunta red de corrupción que habría generado un desfalco de hasta 600 mil millones de pesos y que involucraría aduanas, instituciones y complicidades del más alto nivel del partido en el poder. (Huachicol Fiscal)

Si existen señalamientos documentados, deben investigarse.

Si existen responsabilidades, deben determinarse conforme a la ley.

Y si no existen pruebas suficientes, tampoco deberían utilizarse acusaciones como munición electoral.

Ese debería ser el mínimo estándar de una democracia seria.

Lo lamentable es que mientras los partidos se enfrentan por el control del discurso, la ciudadanía observa cómo la política se convierte en un espectáculo de acusaciones cruzadas. Unos señalan a otros; los otros responden; las redes sociales amplifican el pleito y, al final, los problemas reales de la población quedan relegados.

Es el viejo juego de bañarse en salud mientras se escupe al cielo.

El ciudadano también lleva cuentas.

Quizá el mayor error de quienes hoy ocupan espacios de poder sea creer que la memoria ciudadana es corta.

No lo es.

El ciudadano recuerda gobiernos, decisiones, abusos de poder, promesas incumplidas, alianzas inesperadas y personajes que alguna vez caminaron juntos y después terminaron enfrentados.

También recuerda quién llegó al poder con discursos de transformación y quién, una vez instalado, comenzó a comportarse como aquello que criticaba.

El poder tiene una característica que muchos políticos olvidan: es temporal.

Ningún cargo público es propiedad personal. Ninguna estructura partidista es eterna. Ningún grupo político puede asumir que tendrá control absoluto de las circunstancias.

Y aquellos que hoy observan desde una posición privilegiada a quienes los cuestionan deberían recordar que mañana pueden ser ellos quienes tengan que responder ante los ciudadanos.

San Juan del Río y Querétaro no necesitan otra guerra de lodo

Lo que viene para Querétaro y San Juan del Río puede convertirse en una contienda electoral intensa. Pero una elección competida no tiene por qué transformarse en una guerra de lodo.

Morena tendrá que demostrar que puede hacer política más allá de la denuncia y la confrontación.

El PAN tendrá que demostrar que su unidad no es únicamente una fotografía electoral.

Y todos los partidos tendrán que entender que la ciudadanía no vota para premiar el espectáculo político, sino para elegir gobiernos.

Los próximos meses podrían revelar fracturas, reacomodos y carreras políticas que hoy parecen sólidas. Algunos personajes podrían descubrir que el respaldo que consideran incondicional tiene fecha de caducidad y que la llamada factura política tiene fecha de vencimiento.

Porque al final, los partidos pueden negociar, los grupos pueden pactar y los políticos pueden intentar blindarse.

Pero hay algo que ningún cónclave puede controlar: la memoria de los ciudadanos frente a las urnas.

Y esa factura, tarde o temprano, siempre llega.

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