PRI en caída libre: la crisis de militantes que exhibe el desplome del viejo partido de México

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El PRI ya no solo enfrenta una crisis electoral: enfrenta una crisis de identidad, de estructura y, sobre todo, de militancia. El partido que durante más de siete décadas fue sinónimo de poder en México llega rumbo a las elecciones de 2027 con un padrón reducido a una fracción de lo que alguna vez representó.

Los números del Instituto Nacional Electoral (INE) son difíciles de ignorar. Entre 2023 y 2026, el Partido Revolucionario Institucional pasó de contar con alrededor de 1.41 millones de militantes a 819 mil 103. En tres años desaparecieron de su padrón casi 600 mil afiliados.

Y el dato adquiere mayor relevancia porque no se trata simplemente de una estadística administrativa. En política, un padrón de militantes representa estructura territorial, capacidad de movilización y, en buena medida, la existencia real de un partido más allá de sus dirigentes.

El PRI, acostumbrado durante décadas a operar como una poderosa maquinaria electoral, parece estar pagando el costo de una transformación que no supo —o no quiso— procesar.

Del partido hegemónico al partido en resistencia

Hubo un tiempo en que el PRI no necesitaba explicar su fuerza. Gobernaba la Presidencia, controlaba buena parte de los estados, tenía una amplia estructura territorial y mantenía una presencia prácticamente permanente en los congresos.

Hoy el escenario es radicalmente distinto.

La reducción de su militancia no comenzó con Alejandro Moreno Cárdenas, pero durante su dirigencia el partido tampoco ha conseguido revertir la tendencia. De acuerdo con los datos disponibles, en 2019 el PRI presumía alrededor de 6.5 millones de militantes. Un año después, el padrón se redujo a cerca de 1.5 millones: una caída cercana al 76 por ciento. (INE)

¿Cuántos de aquellos millones eran militantes reales y cuántos aparecían en padrones construidos durante décadas de hegemonía política?

El propio proceso de revisión del INE aporta una pista.

Un padrón que también arrastra inconsistencias

La autoridad electoral detectó 95 mil 317 registros con inconsistencias en el padrón priista. Entre ellos había alrededor de 27 mil personas fallecidas y 41 mil 371 registros duplicados con otros partidos.

El problema, por tanto, no es únicamente que el PRI pierda militantes. También queda expuesta la fragilidad de una estructura que durante años presumió números enormes y que hoy debe someterlos a una revisión mucho más estricta.

En términos políticos, esto representa algo más profundo: la vieja maquinaria partidista parece haber perdido buena parte de los mecanismos que durante décadas le permitieron reproducirse.

Morena crece mientras el PRI se encoge

La comparación con Morena vuelve todavía más evidente el cambio en el mapa político mexicano.

Mientras el PRI cayó hasta los 819 mil 103 militantes, Morena pasó de poco más de 2.3 millones en 2023 a más de 11.6 millones en 2026.

Es una diferencia que difícilmente puede explicarse únicamente por una campaña de afiliación. También refleja el desplazamiento de una generación política hacia el partido que actualmente concentra buena parte del poder nacional.

Morena encontró una fórmula que el PRI parece haber perdido: convertir el triunfo electoral en organización política y utilizar el ejercicio del poder como mecanismo de expansión territorial.

La afiliación morenista incluso superó la meta de 10 millones que el partido se había planteado.

La fotografía resulta contundente: mientras uno de los partidos que gobernó México durante gran parte del siglo XX pelea por conservar una base de militantes relativamente pequeña, Morena construye un padrón que multiplica varias veces al del PRI.

Los aliados también avanzan

El fenómeno tampoco se limita a Morena.

El Partido Verde Ecologista de México pasó de unos 592 mil militantes en 2023 a más de 1.06 millones en 2026. El Partido del Trabajo, por su parte, aumentó de aproximadamente 457 mil a 590 mil.

Son cifras que muestran cómo el nuevo sistema de alianzas alrededor de Morena ha producido algo que el viejo PRI ya no puede presumir: crecimiento organizativo.

El contraste resulta particularmente duro para el tricolor porque el poder político que perdió no terminó en un vacío. Buena parte de ese espacio fue ocupado por Morena y, en menor medida, por sus aliados.

El PAN tampoco parece tener la respuesta

El Partido Acción Nacional tampoco vive una expansión espectacular.

Aunque aumentó su militancia de alrededor de 267 mil a 366 mil integrantes en el periodo referido, permanece por debajo de los números del Verde y del PT.

El dato debería provocar una reflexión dentro de la oposición. La crisis no es exclusivamente priista. El problema más amplio es que los partidos tradicionales parecen tener dificultades para construir una identidad política capaz de atraer a nuevos sectores de la población.

Mientras Morena convierte la afiliación en una demostración de fuerza, PRI y PAN enfrentan el reto de explicar qué ofrecen políticamente en una sociedad donde buena parte del electorado ya no tiene vínculos emocionales con las siglas que dominaron el siglo pasado.

El verdadero problema del PRI no cabe en una cifra

Reducir la crisis priista a la pérdida de militantes sería demasiado sencillo.

El verdadero problema es que el PRI dejó de ser indispensable.

Durante décadas, pertenecer al partido significaba acceder a una estructura, una carrera política, una red de poder y una posibilidad concreta de ascenso. La derrota electoral podía ser temporal porque la organización permanecía.

Hoy esa lógica se rompió.

El PRI perdió Presidencias, gubernaturas, posiciones legislativas y buena parte de su presencia territorial. Ahora también pierde afiliados. Y cuando un partido deja de ser atractivo para quienes buscan participar en política, comienza a convertirse en una organización de supervivencia.

Ahí está el mayor desafío para Alejandro Moreno y para la dirigencia priista: no se trata solamente de recuperar votos, sino de reconstruir una razón para existir.

De cara a 2027, el PRI deberá demostrar que puede ser algo más que una marca histórica, una oposición de trámite o una estructura sostenida por sus dirigentes.

Porque los números del INE pueden leerse como una simple actualización del padrón. Pero políticamente cuentan otra historia: la del derrumbe progresivo de un partido que alguna vez parecía invencible.

Y en política, cuando las bases comienzan a desaparecer, el poder suele tardar poco en seguirlas.

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