En la LXI Legislatura del estado de Querétaro hay algo que, a simple vista, podría parecer positivo: alta asistencia, decenas de sesiones y cientos de iniciativas presentadas. Sin embargo, basta rascar un poco los datos para encontrar una realidad menos cómoda y más preocupante: un Congreso que trabaja… pero no resuelve.
Porque sí, el número es contundente: 425 iniciativas en poco más de año y medio. Pero el dato verdaderamente revelador no es cuántas se presentan, sino cuántas se quedan en el camino. Casi la mitad —un 48.7%— sigue atrapada en comisiones, ese espacio técnico que debería agilizar el trabajo legislativo, pero que hoy parece funcionar como un limbo político donde las propuestas se enfrían, se negocian o simplemente se olvidan.
El problema no es menor. Mientras el Pleno presume una tasa de aprobación cercana al 48%, el rezago crece en paralelo, como si el avance legislativo estuviera condenado a caminar con un lastre permanente. En otras palabras, por cada iniciativa que se aprueba, hay otra que se queda esperando. Y esa ecuación no habla de equilibrio, sino de ineficiencia.
Más aún, el discurso de compromiso se sostiene en cifras de asistencia que rozan el 96%. Las y los diputados están presentes, pero: ¿estar es suficiente? Porque la productividad legislativa no se mide en sillas ocupadas, sino en decisiones tomadas y problemas resueltos.
En este escenario, resulta llamativo que el protagonismo en tribuna lo encabece Morena, con el mayor número de intervenciones. Pero hablar más no necesariamente significa legislar mejor. La actividad parlamentaria no debería reducirse a discursos, sino traducirse en dictámenes, acuerdos y resultados tangibles para la ciudadanía.
Otro dato que no debe pasar desapercibido es el origen de las iniciativas. El 68% proviene de los propios legisladores, mientras que los ayuntamientos apenas alcanzan un 20%. Esto revela un Congreso que legisla principalmente desde sí mismo, con poca apertura a una agenda más territorial o municipal, que es donde muchas de las problemáticas más urgentes toman forma.
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Así, el balance es incómodo pero necesario: Querétaro tiene un Congreso activo, pero no necesariamente eficaz. Un Congreso que debate, pero acumula pendientes. Un Congreso que aprueba, pero también posterga.
El verdadero desafío no está en generar más iniciativas, sino en destrabar las que ya existen. Porque mientras las comisiones sigan operando como filtros lentos o espacios de cálculo político, el rezago no solo será una cifra en un informe, sino una deuda directa con la ciudadanía.
Y esa, tarde o temprano, también se cobra.
