El valor de detenernos: una mirada al oficio y a lo cotidiano en San Juan del Río

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Caminamos día a día sin siquiera detenernos a observar nuestro entorno, la importancia de las cosas o, peor aún, aquello que está mal sin alzar la voz. Nos hemos acostumbrado a la prisa, a lo inmediato, a pasar de largo incluso frente a lo que merece atención.

Hoy me tocó ver, a la distancia, a uno de los grandes periodistas de esta ciudad de San Juan del Río. Eran las 9:50 de la mañana y el tráfico sobre Avenida Juárez Oriente era intenso, pesado, casi inimaginable para un municipio de poco más de 300 mil habitantes. Una escena que, sin duda, habla de una deficiente gestión en materia de movilidad. Sin embargo, ese no es el tema central de esta columna.

Fotografía: Jaime Sánchez Correa.

Fue precisamente ese tráfico el que me dio el tiempo para observar.

Ahí estaba Jaime Sánchez Correa, tomando fotografías. Se detenía, esperaba, encuadraba con su celular y volvía a esperar. Buscaba el momento exacto, la toma precisa. La duda me invadió: ¿qué captaba su atención?, ¿qué hacía que tuviera la paciencia de esperar a que no pasaran los autos para lograr su imagen? Porque si algo define al periodismo, es que una nota debe estar acompañada de una fotografía a la altura de sus líneas. Y en eso, Jaime Sánchez Correa se distingue; no por nada, muchos esperan cada año sus tradicionales “calaveras” de noviembre.

Durante esos minutos que el tráfico me regaló, lo vi realizar varias tomas más, sin que yo pudiera imaginar el motivo o el contexto de la información que preparaba. Solo era evidente su concentración y su oficio.

Cuando tuve la oportunidad, tomé mi celular y le escribí: “Amigo, cuando te sea posible, compárteme un par de fotos que tomaste en Av. Juárez”.

Minutos después, puntual como suele ser, me envió varias imágenes vía WhatsApp. Entre ellas, una en particular destacó. Esa es la que hoy comparto con ustedes, junto con esta reflexión.

Nuestro oficio tiene muchas aristas. Nos exige recorrer cada una de ellas y adaptar los géneros periodísticos para ofrecer información clara y sin sesgos. Pero hay algo que va más allá de la técnica: la memoria. Esa que solo poseen quienes han amado durante años esta ciudad.

Me refiero a la memoria que dejan los recorridos, a los cambios que algunos han tenido la fortuna de presenciar y que hoy nos comparten a través de su trabajo. Ese pulso que no solo señala, sino que también recuerda.

Porque aquello que vemos todos los días —y ante lo que a veces nos detenemos apenas para descansar o resguardarnos del sol— también merece ser contado. Merece ser valorado.

Ese fue el caso.

Un árbol de Avenida Juárez, ese que forma parte del paisaje cotidiano, cumple hoy 66 años de haber sido plantado. Sesenta y seis años siendo testigo silencioso de una ciudad que crece, que cambia y que, en ocasiones, olvida mirar lo esencial.

Ahí está la lección.

No todo está en lo urgente. No todo está en el ruido. A veces, lo más importante permanece frente a nosotros, esperando a que alguien —como buen periodista— decida detenerse, observar y contarlo.

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