Morena pone a prueba su fuerza en Querétaro: Santiago Nieto, Sheinbaum y una convocatoria que deja preguntas rumbo a 2027

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Querétaro empieza a convertirse en uno de los principales frentes políticos de Morena rumbo a 2027. La designación de Santiago Nieto como coordinador estatal de la Defensa de la Transformación colocó formalmente a la entidad dentro de la estrategia nacional del partido para disputar 17 gubernaturas. El nombramiento se realizó mediante encuestas cuyos resultados no fueron publicados, aunque Morena ha presentado el proceso como parte de su ruta interna de selección.

Pero si algo dejó la reciente visita de Claudia Sheinbaum a Querétaro fue una imagen que admite, al menos, dos lecturas sobre la capacidad de movilización del morenismo queretano. Diversos medios, tanto locales como nacionales, ofrecieron versiones distintas sobre la asistencia al evento.

La primera versión, difundida desde el entorno oficial, habla de una convocatoria exitosa. El representante de la Secretaría de Gobernación en Querétaro, Samuel Mena, aseguró que desde las primeras horas de la mañana había personas esperando a la presidenta y sostuvo que el recinto estaba lleno.

La segunda versión, respaldada por reportes locales y por lo que ocurrió físicamente dentro del Centro de Congresos, dibuja un escenario menos contundente: se estimaba una asistencia superior a las 6 mil personas, pero distintos reportes calcularon alrededor de 5 mil asistentes y señalaron que tuvieron que retirarse sillas que habían sido colocadas previamente ante la falta de ocupación total.

La diferencia entre ambas versiones no es un asunto menor. En política, la fotografía de un recinto y la capacidad real de movilización también funcionan como mensajes. Y en Querétaro, donde Morena pretende arrebatarle al PAN una entidad que históricamente ha sido uno de sus principales bastiones, cada señal adquiere mayor relevancia.

La visita de Sheinbaum tenía además un componente político evidente. El acto en el Centro de Congresos formó parte de la gira nacional para presentar los resultados de su segundo año de gobierno y la convocatoria estuvo vinculada a la estructura de Morena en Querétaro.

En ese contexto, la presencia de Santiago Nieto no pasó inadvertida. El nuevo coordinador estatal fue recibido con consignas de apoyo, mientras el evento mostró también la presencia de militantes y simpatizantes que acudieron desde temprano.

Sin embargo, sería apresurado convertir una asistencia de alrededor de 5 mil personas —en un evento de acceso restringido y con convocatoria partidista— en una medición definitiva del respaldo electoral de Morena en Querétaro. Una concentración política no equivale a una elección y tampoco permite por sí sola determinar preferencias ciudadanas.

Lo que sí permite observar es el tamaño de la estructura que el partido consiguió movilizar para recibir a la Presidenta.

Y ahí aparece el verdadero desafío para Morena.

Querétaro, una apuesta mucho más complicada

Morena llega a esta etapa con diez perfiles definidos para encabezar sus estructuras estatales rumbo a 2027: Nora Ruvalcaba en Aguascalientes; Pablo Gutiérrez Lazarus en Campeche; Rosa María Bayardo en Colima; Beatriz Mojica en Guerrero; Carlos Torres Piña en Michoacán; Santiago Nieto en Querétaro; Imelda Castro en Sinaloa; Julieta Ramírez en Baja California; Eugenio “Gino” Segura en Quintana Roo y Verónica Díaz en Zacatecas. Los nombramientos funcionan, en los hechos, como la definición de los principales perfiles de Morena para las gubernaturas, aunque formalmente todavía no equivalen a candidaturas.

Para Querétaro, el caso tiene una particularidad: Morena no está intentando conservar una gubernatura propia, sino avanzar sobre un territorio gobernado por el PAN.

Eso cambia la naturaleza de la contienda.

El partido ya no puede atribuir los problemas estatales a una administración propia anterior. Su discurso tendrá que competir directamente contra los resultados del gobierno panista, pero también demostrar que cuenta con una estructura suficientemente sólida para disputar el poder estatal.

Y la visita presidencial ofreció un primer termómetro de esa estructura, aunque no una medición electoral.

El dilema para Morena rumbo a 2027 no consiste únicamente en encontrar personajes capaces de ganar elecciones. También tendrá que administrar el desgaste acumulado de los gobiernos emanados del propio movimiento.

En Guerrero, por ejemplo, la designación de Beatriz Mojica ocurre en medio de disputas internas. En Michoacán, Carlos Torres Piña quedó por encima de Raúl Morón en un proceso que también exhibió diferencias con el PT. En Quintana Roo, la designación de Gino Segura estuvo acompañada por cuestionamientos de otros aspirantes sobre la transparencia del procedimiento.

Zacatecas es todavía más ilustrativo.

Verónica Díaz fue designada pese a las objeciones expresadas desde el PT y a los cuestionamientos alrededor del proceso interno. Su cercanía política con el grupo de los Monreal también convirtió el nombramiento en un asunto particularmente sensible dentro del morenismo zacatecano.

Ahí aparece una pregunta que también alcanza a Querétaro: ¿qué ocurrirá con quienes perdieron la definición interna?

Porque Morena ha construido buena parte de su expansión incorporando a políticos de distintas procedencias y grupos. Mientras hubo posiciones suficientes para repartir, las diferencias pudieron mantenerse bajo control. Pero cuando solamente existe una candidatura por gubernatura, los perdedores dejan de ser un asunto secundario.

Pueden convertirse en negociadores, aliados incómodos o simplemente apartarse del proyecto.

Y el problema no termina en Morena.

El PT y el PVEM también tendrán que decidir cuánto acompañan las decisiones del partido mayoritario de la coalición. Las tensiones observadas en Zacatecas y Michoacán muestran que la unidad electoral no necesariamente significa ausencia de disputas políticas.

Querétaro será una prueba para Santiago Nieto

En Querétaro, Santiago Nieto tendrá que construir una estructura capaz de competir contra el PAN y, al mismo tiempo, mantener cohesionados a los distintos grupos que integran Morena.

La designación tampoco estuvo exenta de cuestionamientos: medios nacionales reportaron que las encuestas utilizadas para definir al coordinador no fueron hechas públicas y que los resultados solamente fueron mostrados de manera privada a los participantes.

Eso coloca a Nieto ante un reto doble: convertir una designación interna en una estructura territorial efectiva y evitar que las diferencias entre grupos terminen debilitando el proyecto antes de que llegue formalmente la elección.

La visita de Sheinbaum, entonces, puede leerse desde dos ángulos.

Para Morena, fue una oportunidad para mostrar músculo político y arropar a su nuevo coordinador estatal.

Para sus adversarios, la diferencia entre la expectativa de asistencia y la ocupación observada abre una pregunta legítima sobre la dimensión real de la capacidad de movilización morenista en Querétaro.

Ninguna de las dos lecturas debería convertirse automáticamente en una conclusión electoral.

Pero ambas forman parte de la fotografía política de un estado que, a partir de ahora, estará mucho más presente en la disputa nacional por 2027.

Porque si Morena pretende convertir Querétaro en una de sus piezas clave rumbo a la renovación de gubernaturas, no bastará con el respaldo presidencial, con un coordinador definido ni con una concentración multitudinaria.

Tendrá que demostrar que puede transformar estructura partidista en organización territorial, organización territorial en presencia ciudadana y presencia ciudadana —eventualmente— en votos.

Y esa última parte todavía está por escribirse.

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