- Querétaro el polvorín de Morena
La política tiene una particularidad: las alianzas duran mientras los intereses coinciden. Cuando el objetivo común desaparece, comienzan a aflorar las diferencias que durante meses permanecieron ocultas bajo el discurso de la unidad.
Eso parece estar ocurriendo en Querétaro. Las recientes declaraciones de José María Tapia, al señalar una supuesta traición de Ricardo Astudillo, dirigente estatal del Partido Verde, no son un episodio menor. Son el reflejo de que la coalición que enfrentó el proceso electoral anterior comienza a mostrar fisuras justo cuando la carrera por la sucesión estatal empieza a tomar forma.
En política las palabras pesan, pero los símbolos pesan todavía más. Y mientras un liderazgo denuncia deslealtades, otro envía mensajes distintos. El abanderamiento de Santiago Nieto por el PT proyecta una imagen de fortaleza alrededor de una sola figura, dejando en segundo plano a quienes también aparecían con frecuencia en las encuestas como opciones competitivas para encabezar el proyecto rumbo al 2027.
¿se están cerrando filas en torno al perfil que consideran más competitivo o estamos presenciando una estrategia que busca dividir a quienes hasta hace poco caminaban juntos?
Ambas interpretaciones tienen sustento.
Por un lado, cualquier partido político necesita ordenar sus aspiraciones para evitar una guerra interna que termine debilitándolo. Es una práctica común privilegiar a quien mejor posicionado se encuentra y comenzar a construir alrededor de esa candidatura.
Pero también es cierto que las fracturas rara vez aparecen por casualidad. Cuando los desencuentros se hacen públicos, cuando los reproches salen de las reuniones privadas para convertirse en declaraciones ante los medios, el mensaje deja de ser interno y comienza a beneficiar, directa o indirectamente, a los adversarios políticos.
Mientras tanto, en los municipios la actividad no se detiene. Liderazgos regionales realizan reuniones, fortalecen estructuras y buscan posicionarse entre la militancia. Pareciera que el método para definir candidaturas sigue siendo el de siempre: construir respaldo territorial, sumar grupos, negociar apoyos y demostrar fuerza política antes de que exista una convocatoria oficial.
La vieja escuela de la política sigue vigente, aunque ahora se combine con encuestas, redes sociales y estrategias digitales.
Porque, al final, las candidaturas no solo se construyen con números; también con acuerdos. Y cuando los acuerdos se rompen, los números pueden cambiar muy rápido.
Lo que hoy ocurre en Querétaro apenas es el primer capítulo de una historia que se escribirá durante los próximos meses. Falta mucho para la elección, pero cada declaración, cada fotografía y cada ausencia en los eventos políticos comienza a enviar mensajes que la ciudadanía observa con atención.
En política, pocas veces existen las coincidencias. Y cuando los aliados empiezan a discutir en público, es porque la verdadera competencia ya no está enfrente, sino dentro de casa.
