Querétaro 2027: el PAN puede perder lo que todavía cree tener ganado

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La elección de 2027 todavía no empieza formalmente, pero en Querétaro ya se libra una batalla que puede terminar con la hegemonía panista. El problema para Morena es que, justo cuando tiene la posibilidad de disputar el estado, Santiago Nieto y Ricardo Astudillo mantienen abierta una pugna que podría terminar beneficiando al adversario. San Juan del Río es la primera señal de alarma.

Hay un número que el PAN queretano no debería olvidar: 1,096.

Son, aproximadamente, los votos que separaron a Roberto Cabrera Valencia de Juan Alvarado Navarrete en la elección municipal de San Juan del Río de 2024.

Mil noventa y seis votos.

No veinte mil.

No diez mil.

No cinco mil.

Mil noventa y seis.

Ese número resume mejor que cualquier discurso la transformación del escenario electoral queretano.

Porque tres años antes, en 2021, el PAN había ganado San Juan del Río con una diferencia superior a 21 puntos porcentuales.

En 2024, el mismo municipio estuvo prácticamente empatado.

El Instituto Electoral del Estado de Querétaro confirmó el triunfo de Cabrera y la diferencia final después de los cómputos correspondientes. (ieeq.mx)

El PAN ganó.

Pero la verdadera noticia fue otra:

Morena estuvo a poco más de mil votos de quitarle San Juan del Río.

Y eso cambia la lectura de 2027.

El bastión ya no es inexpugnable

Durante años, Querétaro fue presentado como uno de los bastiones más sólidos de Acción Nacional.

Y con razón.

El PAN ha construido una estructura territorial, empresarial, municipal y gubernamental que pocos partidos han logrado desarrollar en el estado.

Pero los bastiones también envejecen.

Los gobiernos se desgastan.

Los electores cambian.

Las nuevas generaciones votan diferente.

Y las oposiciones aprenden.

Eso último es lo que Acción Nacional debería mirar con mayor atención.

Morena aprendió a competir.

En 2021, la oposición estaba dispersa.

En San Juan del Río, Morena obtuvo aproximadamente 23% y el PRI superó el 14%, mientras otras fuerzas se repartieron buena parte del voto.

En 2024, Morena, Verde y PT llegaron juntos.

El resultado fue una elección prácticamente empatada.

No fue magia.

Fue concentración del voto.

Y esa fórmula puede repetirse en 2027.

El PAN tiene ventaja, pero no tiene la elección

Acción Nacional parte con ventajas objetivas.

Gobierna Querétaro.

Tiene estructura.

Tiene alcaldías estratégicas.

Tiene cuadros competitivos.

Tiene experiencia electoral.

Y conserva una base social importante.

Pero hay una diferencia entre tener ventaja y tener la elección ganada.

El panismo parece estar entrando en 2027 con el argumento de que la estructura será suficiente.

No necesariamente.

La estructura gana elecciones cuando está acompañada de una candidatura competitiva, una campaña eficaz y un electorado dispuesto a mantener el statu quo.

Pero si 2027 se convierte en un referéndum sobre la continuidad del PAN, el escenario puede complicarse.

Y mucho.

La paradoja de Morena

Morena tiene hoy la mejor oportunidad que ha tenido para disputar la gubernatura de Querétaro.

Pero también enfrenta uno de sus mayores riesgos.

El partido tiene a Santiago Nieto.

El Verde tiene a Ricardo Astudillo.

Y ambos quieren cosas diferentes.

Nieto busca encabezar el proyecto de Morena.

Astudillo sostiene que la candidatura de la coalición todavía debe definirse mediante una nueva medición.

Morena considera que su proceso interno ya produjo un resultado.

El Verde sostiene que todavía falta el procedimiento acordado entre las fuerzas políticas.

No es un detalle.

Es el centro del problema.

Santiago Nieto: candidato fuerte, pero no dueño de toda la coalición

La llegada de Nieto a la coordinación estatal de los trabajos de Morena representa un movimiento de alto calibre.

Su nombre tiene reconocimiento nacional.

Tiene experiencia en el gobierno federal.

Tiene exposición pública.

Y, sobre todo, representa una candidatura distinta a los perfiles tradicionales que Morena había manejado en Querétaro.

Pero una campaña estatal no se gana con notoriedad.

Se gana con territorio.

Con alcaldes.

Con operadores.

Con candidatos locales.

Con estructura.

Con capacidad de movilización.

Y ahí es donde la relación con el Verde adquiere relevancia.

Nieto puede tener la candidatura política de Morena.

Pero necesita construir una candidatura electoralmente viable para toda la coalición.

Ricardo Astudillo: el aliado incómodo

Astudillo tiene un problema y una fortaleza.

Su problema es evidente: la encuesta interna de Morena difundida públicamente lo colocó por debajo de Santiago Nieto, Gilberto Herrera, Beatriz Robles y Astrid Ortega.

Su fortaleza también es evidente: no representa solamente a Ricardo Astudillo. Representa al Partido Verde y su capacidad de negociación.

Por eso el dirigente verde insiste en que debe existir una medición entre el perfil de Morena y el del PVEM.

No necesariamente está apostando todo a ganar esa encuesta.

Puede estar apostando a algo más importante:

aumentar el precio político de la alianza.

Y ahí está la verdadera disputa.

Morena quiere encabezar.

El Verde quiere decidir.

Esa diferencia puede parecer semántica.

No lo es.

Morena es la fuerza predominante de la coalición nacional.

El Verde sabe que su peso electoral no se mide únicamente por sus porcentajes propios.

Se mide por cuánto puede cambiar un resultado cuando sus votos se suman o se restan.

San Juan del Río es el ejemplo perfecto.

En 2024, la suma de Morena, Verde y PT produjo una elección competitiva.

Separados, probablemente habrían tenido un resultado distinto.

Por eso la negociación de 2027 tendrá que resolver una pregunta incómoda:

¿cuánto vale el Verde dentro de una candidatura encabezada por Morena?

La política del «Quinto lugar»

Hay otro elemento que vuelve más complicada la negociación.

La información difundida recientemente sobre la encuesta interna de Morena colocó a Astudillo en quinto lugar.

Ese dato puede utilizarse políticamente de dos maneras.

Morena puede decir:

«Los números ya hablaron.»

El Verde puede responder:

«Esos números solamente corresponden a Morena, no a la coalición.»

Ambos argumentos tienen lógica dentro de sus respectivos intereses.

Pero ninguno resuelve el problema electoral.

Porque si la discusión termina en una confrontación pública, el resultado puede ser paradójico:

Morena conserva su candidatura.

El Verde conserva su molestia.

La coalición pierde unidad.

Y el PAN respira.

El PAN no necesita ganar la discusión; necesita que Morena la pierda

Esta es probablemente la parte más incómoda para Morena.

Acción Nacional no necesita derrotar a Santiago Nieto en una encuesta interna.

No necesita convencer a Astudillo de nada.

No necesita participar en la disputa.

Le basta con esperar.

Porque cada día que Morena y Verde utilizan para discutir sus reglas internas es un día menos para construir una candidatura competitiva contra el PAN.

Y cada declaración pública aumenta el costo de una eventual reconciliación.

La política tiene memoria.

Las heridas internas dejan operadores resentidos.

Las candidaturas generan grupos.

Las negociaciones generan compromisos.

Y una campaña estatal no puede comenzar con dos estructuras trabajando una contra otra.

San Juan del Río vuelve a aparecer

Aquí está el punto donde la discusión estatal se encuentra con la realidad municipal.

San Juan del Río será una prueba.

En 2021, el PAN obtuvo 44.16%.

Morena consiguió alrededor de 23%.

En 2024, Cabrera volvió a ganar, pero la distancia cayó a aproximadamente 0.8 puntos.

El cambio fue brutal.

Y no puede explicarse únicamente por un candidato.

Cambió el escenario nacional.

Cambió la participación.

Cambió la concentración del voto.

Y cambió la capacidad de Morena para competir territorialmente.

Por eso, quien pretenda analizar 2027 mirando solamente el resultado de 2021 está leyendo una fotografía vieja.

El dato útil es 2024.

Y 2024 dice que el PAN puede ser derrotado en San Juan del Río.

El municipio que puede medir el pulso del estado

San Juan del Río no es Querétaro capital.

Tampoco es Corregidora.

Tiene una composición política diferente.

Su zona industrial convive con comunidades rurales y colonias populares.

Es un municipio donde el voto urbano, el voto de trabajadores, el voto rural y el voto de las comunidades tienen pesos distintos.

Eso lo convierte en un territorio especialmente sensible a una elección estatal.

Si Morena consigue mantener la votación de 2024 y aumentar su participación, el PAN tendrá una elección complicada.

Si Morena y Verde se dividen, Acción Nacional tendrá una oportunidad mucho mayor.

Por eso San Juan puede terminar funcionando como un termómetro de la gubernatura.

El otro problema del PAN: la sucesión

Mientras Morena discute la alianza, el PAN tiene su propia disputa.

Felipe Fernando Macías, Agustín Dorantes, Luis Bernardo Nava y Josué Guerrero forman parte del tablero panista.

El problema para Acción Nacional es que una candidatura fuerte no elimina el desgaste de gobierno.

El PAN tendrá que defender su gestión estatal.

Tendrá que justificar la continuidad.

Tendrá que mantener unidos a sus grupos internos.

Y tendrá que evitar que la elección se convierta en una disputa entre «continuidad» y «alternancia».

Porque en ese terreno Morena puede ser peligroso.

Felifer tiene una ventaja, pero también una responsabilidad

Si el PAN termina optando por Felifer Macías, la candidatura tendría una característica importante: representaría la continuidad generacional del panismo queretano.

Pero precisamente por eso tendrá que responder una pregunta:

¿Qué ofrece el PAN para los próximos seis años que no haya ofrecido ya?

No bastará con recordar sus triunfos.

No bastará con señalar los problemas de Morena.

No bastará con invocar la estabilidad.

La elección de 2027 será, en buena medida, una elección sobre el futuro del estado.

Y ahí Morena puede encontrar un discurso sencillo:

«Después de tantos años de PAN, es tiempo de alternancia.»

Si ese mensaje logra penetrar en sectores moderados, jóvenes y urbanos, la elección puede volverse mucho más complicada para Acción Nacional.

Lo que está en juego para Nieto

Santiago Nieto tiene una oportunidad histórica.

Pero también tiene una responsabilidad política.

Si consigue reunir a Morena, PVEM y PT, puede convertirse en el candidato que finalmente ponga al PAN contra las cuerdas en Querétaro.

Si no consigue hacerlo, sus adversarios podrán argumentar que Morena tuvo la oportunidad y no supo administrarla.

La diferencia entre ambas historias puede estar en una mesa de negociación.

No en una encuesta.

No en una conferencia de prensa.

En una negociación.

Lo que está en juego para Astudillo

Astudillo enfrenta una decisión igualmente delicada.

Puede endurecer la posición del Verde y elevar el costo de la candidatura de Nieto.

Pero también puede terminar elevando el costo de una eventual ruptura.

El Verde tiene derecho a negociar.

Pero también tiene que calcular qué ocurre si la negociación fracasa.

Porque una cosa es exigir reconocimiento político y otra muy distinta es convertir esa exigencia en una fractura electoral.

Y la historia electoral mexicana está llena de ejemplos donde las divisiones internas terminan beneficiando al adversario que parecía más débil.

La elección todavía está abierta

Hoy no existe fundamento serio para afirmar que Morena ya ganó Querétaro.

Tampoco existe fundamento para decir que el PAN tiene garantizada la gubernatura.

Lo que sí existe son señales claras.

La primera: el PAN conserva una ventaja estructural.

La segunda: Morena redujo considerablemente la brecha electoral.

La tercera: San Juan del Río dejó de ser un municipio cómodo para Acción Nacional.

La cuarta: Santiago Nieto se convirtió en el principal referente de Morena para la sucesión.

La quinta: Ricardo Astudillo mantiene abierta la negociación desde el Partido Verde.

Y la sexta puede ser la más importante:

la unidad de la coalición opositora todavía no está garantizada.

El verdadero enemigo de Morena puede ser Morena

Hay una ironía en la política queretana.

Acción Nacional puede llegar a 2027 con una elección complicada.

Pero Morena puede hacerla todavía más sencilla para el panismo.

No porque carezca de votos.

No porque carezca de candidato.

No porque carezca de posibilidades.

Sino porque puede desperdiciar su crecimiento electoral en una disputa interna.

La elección de San Juan del Río debería servir como advertencia.

En 2021, la fragmentación favoreció al PAN.

En 2024, la concentración del voto llevó a Morena y sus aliados a competir prácticamente en igualdad.

La lección es evidente.

Divididos, los opositores pierden fuerza. Unidos, pueden cambiar el mapa.

Querétaro ya no es una elección segura para nadie

El PAN todavía tiene las cartas más sólidas en términos de estructura.

Morena tiene el impulso político.

El Verde tiene capacidad de negociación.

Y San Juan del Río tiene los números que explican por qué 2027 puede ser diferente.

Por ahora, el PAN conserva el estado.

Pero conservarlo será más difícil que antes.

Morena está cerca.

El Verde lo sabe.

Nieto lo sabe.

Astudillo lo sabe.

Y Acción Nacional también.

La verdadera batalla, entonces, no será únicamente por la gubernatura.

Será por saber quién logra llegar unido al día de la elección.

Porque si Morena consigue resolver la disputa Nieto-Astudillo y convierte la suma de Morena, Verde y PT en una sola fuerza electoral, el PAN tendrá que defender Querétaro voto por voto.

Pero si la ambición personal pesa más que el proyecto colectivo, Acción Nacional podrá conservar el estado sin necesidad de hacer demasiado.

Y entonces la historia de 2027 podría resumirse en una frase mucho más dura que cualquier encuesta:

Morena no perdió Querétaro frente al PAN; lo perdió frente a sus propias divisiones.

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