Querétaro y Guanajuato, en el punto crítico de la disputa comercial entre China, México y Estados Unidos

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  • EE. UU. señala a México por presunto transbordo ilegal de mercancías para evadir aranceles.

La nueva ofensiva comercial de Estados Unidos contra el presunto transbordo ilegal de mercancías vinculadas con China coloca a México en una posición particularmente sensible y, dentro del país, vuelve estratégicos a dos corredores industriales del Bajío: Guanajuato y Querétaro.

El argumento central de Washington es que una parte de las mercancías que dejaron de llegar directamente desde China a Estados Unidos después de los aranceles impuestos en 2018 pudo haber sido redirigida mediante terceros países para reducir o evadir el pago de derechos (Arancel). El gobierno estadounidense calcula que el fenómeno podría involucrar entre 40 mil millones y 303 mil millones de dólares anuales, dependiendo de la metodología utilizada. El punto medio utilizado por el análisis de la Casa Blanca es de 75 mil millones de dólares.

Pero hay una precisión periodística fundamental: esas cifras representan estimaciones de exposición o posible transbordo; no significan que todo ese comercio sea ilegal ni que México, Guanajuato o Querétaro hayan sido declarados responsables de fraude aduanero.

El caso mexicano adquiere relevancia porque Estados Unidos considera a México dentro del grupo de jurisdicciones de mayor escala y riesgo potencial, al mismo tiempo que el país constituye una pieza indispensable de las cadenas manufactureras de América del Norte.

El tamaño del problema

El informe estadounidense reúne cinco estimaciones.

Goldman Sachs calcula aproximadamente 40 mil millones de dólares anuales; el Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca, entre 34.2 mil millones y 89.6 mil millones; Exiger, alrededor de 75 mil millones; la Oficina de Análisis Comercial y Económico del Departamento de Comercio identifica 109 mil millones de dólares como referencia de transferencia comercial, y Altana llega a una exposición potencial de 303 mil millones de dólares.

Las metodologías no son equivalentes y, por lo tanto, no deben sumarse.

El dato más contundente para México es otro: el Departamento de Comercio estima que en 2025 alrededor de 67 mil millones de dólares en mercancías destinadas a Estados Unidos pudieron haber sido transbordadas desde China mediante tres grandes centros de distribución: México, India y Vietnam. El propio análisis estima, en ese escenario, una pérdida aproximada de 28 mil millones de dólares en ingresos arancelarios estadounidenses.

El impacto potencial no termina en la recaudación.

Con un escenario central de 75 mil millones de dólares de transbordo ilegal, el informe calcula aproximadamente 450 mil empleos estadounidenses desplazados, una reducción anual del PIB de entre 113 mil millones y 150 mil millones de dólares y una pérdida de ingresos federales de entre 19 mil millones y 26 mil millones de dólares.

Son modelos económicos, no conteos directos de puestos de trabajo perdidos. Esa diferencia es importante.

¿Por qué Guanajuato y Querétaro?

La relevancia del Bajío no aparece por casualidad.

El documento estadounidense identifica expresamente el corredor Guanajuato–Querétaro como un posible punto de tránsito para mercancías de las partidas HS 8501 a 8504, que incluyen motores eléctricos, generadores, transformadores y convertidores estáticos.

La consecuencia sería especialmente sensible para Estados Unidos porque esas mismas cadenas industriales compiten o se relacionan con corredores manufactureros de Detroit, Grand Rapids e Indianápolis.

Sin embargo, la expresión clave es “posible punto de tránsito”. El documento no presenta, en el material analizado, una acusación contra una empresa determinada de Guanajuato o Querétaro ni demuestra que la totalidad de las mercancías de esos estados tenga un origen chino oculto.

El riesgo surge de la estructura productiva.

Querétaro mantiene una fuerte concentración en manufactura avanzada, autopartes, maquinaria, equipos eléctricos y aeroespaciales. Los datos de la Secretaría de Economía muestran que entre sus principales importaciones de 2025 estuvieron las partes y accesorios de vehículos automotores, los neumáticos y los motores y generadores, mientras que China figuró como el segundo origen de sus importaciones, después de Estados Unidos.

Guanajuato presenta una exposición semejante. Entre sus principales importaciones aparecen componentes eléctricos, transformadores, convertidores estáticos y autopartes, mientras China también figura entre sus principales proveedores.

Es decir, los mismos sectores que hacen competitivo al Bajío también son los que pueden atraer mayor escrutinio aduanero estadounidense.

China ya está dentro de la cadena productiva del Bajío

Aquí aparece una segunda dimensión del problema.

El crecimiento de la presencia china en Guanajuato no es solamente una hipótesis. El gobierno estatal reportó en noviembre de 2025 que China acumulaba 14 proyectos por más de 1,060 millones de dólares y más de 7,900 empleos en Guanajuato.

Meses antes, el estado había informado que 11 empresas chinas ya generaban más de 6,900 empleos, con inversiones superiores a 960 millones de dólares, particularmente en Irapuato, León y Silao.

El caso de TYW Manufacturing resulta ilustrativo: la empresa china inauguró en Irapuato una planta para fabricar tableros de instrumentos electrónicos para automóviles, con una inversión reportada de 50 millones de dólares y la generación de alrededor de 1,000 empleos directos. Sus productos están destinados, entre otros mercados, a Corea y Estados Unidos.

Esto plantea una paradoja para México.

Por un lado, la inversión china puede fortalecer la producción local, sustituir importaciones y generar empleo.

Por otro, desde la óptica estadounidense, una mayor integración de capital, componentes y proveedores chinos en México puede incrementar la necesidad de comprobar que una mercancía realmente fue transformada en territorio mexicano y no simplemente recibió un tratamiento superficial antes de cruzar la frontera.

No es lo mismo nearshoring que transbordo.

La diferencia está en la producción real y en las reglas de origen.

El punto neurálgico: el T-MEC

Aquí es donde la discusión sobre China se convierte directamente en una discusión sobre el futuro del T-MEC.

El tratado permite beneficios arancelarios a mercancías que cumplan sus reglas de origen. La certificación de origen es parte esencial del mecanismo, y CBP mantiene reglas específicas para determinar cuándo un producto con componentes no originarios puede considerarse originario de México, Estados Unidos o Canadá.

Por ello, introducir componentes chinos en México no convierte automáticamente un producto en chino ni tampoco, automáticamente, en mexicano. La pregunta aduanera es qué transformación ocurrió, cuál es la clasificación arancelaria del producto, qué regla específica aplica y si se cumplieron todos los requisitos.

CBP ha emitido, de hecho, resoluciones en las que analiza productos fabricados en México con componentes chinos y determina si cumplen o no los requisitos del T-MEC. En una resolución, por ejemplo, concluyó que determinados conectores fabricados en México con componentes chinos no calificaban para el trato preferencial porque los componentes relevantes no satisfacían las reglas de origen aplicables.

La consecuencia política es evidente: Washington quiere impedir que el T-MEC sea utilizado como una puerta de entrada indirecta para mercancías que realmente conservan un origen económico chino.

Y esa discusión ya está dentro de la revisión del tratado.

Estados Unidos está endureciendo las reglas

La administración de Donald Trump y México iniciaron en 2026 las negociaciones de revisión del T-MEC. Entre los temas prioritarios se encuentran precisamente las reglas de origen, la seguridad económica y la reducción de la dependencia de insumos provenientes de fuera de América del Norte.

En mayo y junio, ambos gobiernos avanzaron en discusiones sobre reglas de origen para bienes industriales, automóviles, acero, aluminio y seguridad económica.

En julio, Estados Unidos volvió a señalar como objetivo cerrar los espacios que permitan el free-riding de países que no forman parte del acuerdo. México y Estados Unidos acordaron continuar las negociaciones y tienen prevista una cuarta ronda en Washington en septiembre.

Por eso, el caso China no debe analizarse únicamente como una disputa arancelaria.

Es una discusión sobre quién puede beneficiarse de la plataforma productiva de América del Norte.

La nueva frontera aduanera estadounidense

El endurecimiento también tiene una dimensión operativa.

El 3 de junio de 2026, Trump firmó la Orden Ejecutiva 14411, “Strengthening Customs Enforcement”, que instruye al Departamento de Seguridad Nacional y a la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) a reforzar los controles sobre importadores, elevar requisitos de fianzas, exigir información sobre propiedad y beneficiarios reales, aumentar auditorías y fortalecer la persecución de casos de subvaluación, clasificación incorrecta y transbordo ilegal.

La orden es especialmente relevante para empresas mexicanas que participan en cadenas de suministro con componentes asiáticos.

En adelante, el riesgo no estará únicamente en la mercancía que cruza la frontera, sino en la capacidad de demostrar documental y físicamente dónde fue fabricada, qué componentes utilizó, cuánto valor se agregó en México y quién controla las empresas involucradas.

La administración estadounidense también plantea utilizar herramientas de inteligencia artificial para identificar rutas anómalas, inconsistencias en documentos, relaciones empresariales, capacidades productivas y patrones comerciales.

La lógica es sencilla: si una fábrica mexicana exporta a Estados Unidos mucho más de lo que su capacidad productiva permitiría, mientras importa cantidades equivalentes de productos chinos, el sistema de riesgo puede marcar la operación para revisión.

Guanajuato y Querétaro: oportunidad y riesgo simultáneos

Para el Bajío, la paradoja es particularmente delicada.

Guanajuato cerró 2025 con un fuerte peso de la industria automotriz. El gobierno estatal reportó exportaciones automotrices por alrededor de 40 mil millones de dólares y una producción de 877,463 vehículos, equivalente al 22.1 % de la producción nacional.

Querétaro, por su parte, presenta una estructura manufacturera donde las autopartes, los equipos eléctricos, los motores y los bienes industriales tienen un peso importante. Los Censos Económicos 2024 de INEGI señalan que, entre 2018 y 2023, una de las actividades con mayor incremento del valor agregado censal bruto en el estado fue la fabricación de equipo eléctrico y electrónico y sus partes para vehículos automotores, con un aumento de 6,397 millones de pesos.

Por eso, el endurecimiento de las reglas estadounidenses puede producir dos efectos contrapuestos.

El primero es negativo: mayores costos de cumplimiento, auditorías, certificaciones, trazabilidad y, eventualmente, aranceles para empresas que dependan de componentes chinos.

El segundo puede ser positivo: si México demuestra que su producción constituye una transformación real y cumple las reglas de origen, el país puede convertirse en un proveedor todavía más atractivo para Estados Unidos frente a Asia.

La oportunidad del nearshoring, en otras palabras, dependerá cada vez más de demostrar contenido norteamericano y transformación sustancial, no solamente de producir físicamente dentro de México.

El verdadero riesgo para México

El mayor peligro no es que Washington concluya que “México es China”.

El riesgo real es que Estados Unidos llegue a la conclusión de que determinadas cadenas productivas mexicanas funcionan como plataformas de acceso indirecto para productos originarios de terceros países.

Una acusación generalizada sería difícil de sostener porque México mantiene una enorme integración industrial legítima con Estados Unidos. En 2025, el comercio bilateral de bienes alcanzó aproximadamente 872.8 mil millones de dólares: Estados Unidos exportó 338 mil millones a México e importó 534.9 mil millones, con un déficit estadounidense de 196.9 mil millones.

La relación, por tanto, es demasiado grande para reducirla a un problema de triangulación.

Pero precisamente por ese volumen, una pequeña proporción de operaciones irregulares puede representar miles de millones de dólares.

El precedente que puede cambiar el T-MEC

La revisión de 2026 puede terminar convirtiendo el combate al transbordo en uno de los ejes estructurales del nuevo T-MEC.

Estados Unidos ya está planteando que los beneficios del tratado deben concentrarse en los tres países miembros y que las cadenas norteamericanas deben reducir su dependencia de insumos externos.

Eso abre la puerta a reglas de origen más estrictas, mayores requisitos de trazabilidad, controles sobre propiedad extranjera, verificaciones de capacidad productiva y una vigilancia más intensa sobre sectores considerados estratégicos.

Para Guanajuato y Querétaro, la discusión será especialmente importante porque ambos estados están profundamente integrados en sectores que Washington considera sensibles: automotriz, autopartes, motores, equipo eléctrico, electrónica y manufactura avanzada.

La línea que México deberá defender

La discusión no debería plantearse como China contra México.

México necesita defender una distinción mucho más precisa:

inversión china legal y productiva ≠ transbordo ilegal.

Una planta china instalada en Guanajuato que produce, emplea trabajadores mexicanos, transforma componentes, agrega valor, cumple las reglas de origen y puede demostrar documentalmente su proceso productivo es una inversión legítima.

Una operación que únicamente recibe mercancías chinas, las reetiqueta, las reempaqueta o modifica su documentación para presentarlas como mexicanas es otra cosa.

Esa diferencia será determinante para el futuro de la relación comercial.

Un problema que puede convertirse en oportunidad

La presión estadounidense puede obligar a México a acelerar una política que hasta ahora se ha desarrollado de manera desigual: la trazabilidad integral de las cadenas de suministro.

Para empresas de Guanajuato y Querétaro, esto significa conocer no solamente al proveedor directo, sino también al proveedor del proveedor; identificar el origen de los componentes; documentar procesos productivos; conservar registros de transformación; comprobar la capacidad instalada y demostrar que los certificados de origen corresponden con la realidad física de las mercancías.

Para las autoridades mexicanas, significa fortalecer las aduanas, el intercambio de información, la fiscalización y la coordinación con el sector privado.

El objetivo debería ser que, cuando un producto fabricado en el Bajío llegue a Estados Unidos, México pueda demostrar con datos que es realmente un producto mexicano o que cumple las reglas del T-MEC, independientemente de la nacionalidad del capital de la empresa.

El Bajío está bajo la lupa, pero también frente a una oportunidad histórica

El informe estadounidense sobre el transbordo coloca a Guanajuato–Querétaro dentro de una discusión que hasta ahora parecía principalmente geopolítica: la competencia entre Estados Unidos y China.

Pero la realidad industrial del Bajío hace que el debate llegue directamente a las plantas, proveedores, parques industriales, aduanas y empresas exportadoras de la región.

Las cifras son suficientemente grandes para explicar la preocupación estadounidense: desde 40 mil millones hasta 303 mil millones de dólares de exposición potencial y, bajo distintos escenarios, pérdidas arancelarias que podrían alcanzar decenas de miles de millones de dólares.

Sin embargo, el dato más importante para México no es la cifra máxima. Es la pregunta que quedará sobre la mesa durante la revisión del T-MEC:

¿Cuánto de la producción que sale de México hacia Estados Unidos representa realmente integración norteamericana y cuánto depende de cadenas productivas externas que Washington considera estratégicamente riesgosas?

Guanajuato y Querétaro están en el centro de esa pregunta porque son, simultáneamente, dos de los grandes motores manufactureros de México y dos corredores donde convergen capital chino, componentes asiáticos, producción mexicana y demanda estadounidense.

La paradoja es clara: la misma infraestructura que convierte al Bajío en uno de los grandes ganadores del nearshoring puede convertirse en objeto de una vigilancia aduanera mucho más intensa.

El futuro del T-MEC dependerá, en buena medida, de quién pueda demostrar con mayor precisión el origen económico de cada mercancía.

Y para Guanajuato y Querétaro, esa batalla ya no será solamente comercial. Será una batalla por demostrar que México no es una estación de paso, sino una plataforma manufacturera real de América del Norte.

Con información de corresponsales internacionales: R.B.B. Martínez. / Francisco Aceves / Las Breves Informativas

Fuentes:
United States Trade Representative (USTR)
The White House
U.S. Customs and Border Protection (CBP)
U.S. Department of Commerce
Secretaría de Economía de México
Gobierno del Estado de Guanajuato
INEGI

Las Breves Informativas

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